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lunes, 21 de diciembre de 2009

¿FELIZ NAVIDAD O FELICES FIESTAS?


Ya entrados en estas entrañables fechas en las que todo el mundo se felicita y se desea lo mejor para el año próximo surge una pequeña, pero no baladí, cuestión que va más allá de ser un simple tema terminológico y que consiste en la creencia errónea de que es lo mismo el felicitar la Navidad que el felicitar las fiestas.

Mientras que el felicitar las fiestas es simplemente congratularse y desear pasar lo mejor posible unos días de asueto y de jolgorio, la felicitación de la Navidad implica la creencia sincera en que hay unos días al año que aparecen envueltos en misteriosa espiritualidad y en los que, aunque sea por unos breves minutos, haremos un pequeño examen de conciencia y nos propondremos enmendarnos para ser mejores a la vez que disfrutamos de la compañía de familiares y amigos.

La felicitación de las “fiestas” es una costumbre relativamente moderna que poco a poco, y de forma sibilina, va sustituyendo a la tradicional felicitación de la Navidad so pretexto de ser una forma liberal de manifestarse cuando no una forma de manifestar unas creencias paganas. No obstante la felicitación de las “fiestas” no es ni siquiera una forma pagana de expresarse pues el paganismo también implica una creencia, aunque falsa, en una espiritualidad religiosa, por lo que la felicitación de las “fiestas” constituye una expresión vacía de toda espiritualidad y repleta de significado mercantilista. En su error religioso un pagano felicitará el “solsticio” pero no las “fiestas”, siendo el “Felices Fiestas” la expresión típica y propia de los usureros y de los grandes almacenes que aprovechan estos últimos días de Diciembre y primeros de Enero para engrosar sus riquezas fomentando el consumo.


Esperando que jamás se extinga entre los hombres ese espíritu nacido hace más de dos mil años y que constituye la esencia de la Navidad y terminando con esta reflexión que sin duda muchos considerarán aburrida y estúpida deseo predicar con el ejemplo y por ello os deseo



¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

lunes, 12 de octubre de 2009

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ, UN PREMIO DESPRESTIGIADO

La reciente concesión del Premio Nobel de la Paz al actual presidente norteamericano Barak Obama ha despertado una gran polémica y controversia sobre estos premios que concede anualmente la Fundación Nobel y la Academia Sueca de las Ciencias y que tienen un total de seis categorías, siendo cinco las originarias instituidas por Alfred Nobel en su testamento de 1895 (Física, Química, Medicina, Literatura y Paz) a la que se añadió la de economía en 1968.

Alfred Nobel (1833-1896) fue un químico sueco que inventó diversos explosivos para uso militar como la balistita o la gelignita, siendo su mayor éxito científico la estabilización de la nitroglicerina mezclándola con tierra de infusorios dando lugar a lo que hoy se conoce como “dinamita”. Todos sus inventos así como sus inversiones en los pozos petrolíferos del Cáucaso y en numerosas explotaciones mineras le hicieron amasar una enorme fortuna al tiempo que desarrollaba cierto complejo de culpabilidad por el uso destructivo que la humanidad estaba haciendo de sus descubrimientos lo que, unido a la costumbre de la época de realizar acciones benéficas para perpetuarse en la memoria del género humano tras la muerte, hizo que redactase un testamento en el que donaba prácticamente toda su fortuna a una sociedad filantrópica –la Fundación Nobel- que anualmente otorgaría unos premios a los que hubieran realizado el mayor beneficio a la humanidad.

Los Premios Nobel se empezaron a otorgar en sus cinco categorías primigenias en 1901, siendo el primer galardonado con el Premio Nobel de la Paz, el suizo Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja.

No obstante, a diferencia de las otras cuatro categorías originarias en la que los criterios para otorgar el galardón suelen ser más objetivos, el Premio Nobel de la Paz, que se concede a propuesta de cinco miembros del Parlamento Sueco (Comité Nobel del Parlamento Sueco); no ha estado jamás exento de polémica porque en no pocos casos se ha otorgado por intereses políticos a personas poco dignas de ser consideradas benefactoras de la paz y de la concordia entre los pueblos. Así en 1906 se concedió al Presidente Norteamericano Theodore Roosvelt por su mediación en 1905 en la guerra Ruso-Japonesa, aunque poco se tuvo en cuenta su belicismo contra España en 1898, su intervencionismo militar en Marruecos y en Panamá y sobre todo, el hecho de que fue el instigador oculto del ataque japonés a Rusia en 1904.

A pesar de que desde 1901 el Premio Nobel de la Paz ha sido concedido a muchas personas de dudosa adhesión a la paz y al entendimiento pacífico entre los pueblos, no cabe duda de que el periodo de inflexión de este galardón que supone el declive en el prestigio de esta categoría de los “Nobel” son los años treinta del Siglo XX en los cuales, a pesar de concederse el Premio Nobel de la Paz de 1935 al pacifista alemán Carl Von Ossietzky que en ese año sufría injusta prisión impuesta por el régimen nazi que imperaba en Alemania no se dudó, por parte del Comité Nobel del Parlamento Sueco, en nominar al mismísimo Adolf Hitler para el Premio Nobel de la Paz del año 1938 como reconocimiento a sus gestiones para salvar la paz mundial en el Tratado de Munich.

Así pues, que se haya concedido el Premio Nobel de la Paz al actual presidente de Estados Unidos, Barak Obama, no debe sorprender ni escandalizar a nadie sino que debe entenderse, más bien, como un gesto más para congraciarse con la primera potencia del mundo porque difícilmente se puede considerar que Obama es “un gran benefactor de la humanidad” cuando tan solo lleva ocho meses en la presidencia del país con más cabezas nucleares del mundo y en este tiempo ni ha acabado con la guerra de Irak ni ha dado muestras de desarrollar una política menos agresiva que sus antecesores en Asia Central y en otras partes del planeta.


Recomendamos encarecidamente a la Fundación Nobel y a la Academia Sueca que recen mucho y eleven preces al Altísimo para que el Premio Nobel de la Paz de este año, Barak Obama, no decida durante el mandato que le resta por cumplir o en el siguiente, si es nuevamente elegido en el año 2012, invadir algún país bajo cualquier excusa porque, de no ser así, tendrían que ir pensando en dejar de otorgar el tan famoso, que ya no prestigioso, galardón para no hacer más el ridículo, como lo hicieron con su “pequeño desliz” de 1938 el cual han procurado ocultar durante años sin éxito.

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