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lunes, 12 de octubre de 2009

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ, UN PREMIO DESPRESTIGIADO

La reciente concesión del Premio Nobel de la Paz al actual presidente norteamericano Barak Obama ha despertado una gran polémica y controversia sobre estos premios que concede anualmente la Fundación Nobel y la Academia Sueca de las Ciencias y que tienen un total de seis categorías, siendo cinco las originarias instituidas por Alfred Nobel en su testamento de 1895 (Física, Química, Medicina, Literatura y Paz) a la que se añadió la de economía en 1968.

Alfred Nobel (1833-1896) fue un químico sueco que inventó diversos explosivos para uso militar como la balistita o la gelignita, siendo su mayor éxito científico la estabilización de la nitroglicerina mezclándola con tierra de infusorios dando lugar a lo que hoy se conoce como “dinamita”. Todos sus inventos así como sus inversiones en los pozos petrolíferos del Cáucaso y en numerosas explotaciones mineras le hicieron amasar una enorme fortuna al tiempo que desarrollaba cierto complejo de culpabilidad por el uso destructivo que la humanidad estaba haciendo de sus descubrimientos lo que, unido a la costumbre de la época de realizar acciones benéficas para perpetuarse en la memoria del género humano tras la muerte, hizo que redactase un testamento en el que donaba prácticamente toda su fortuna a una sociedad filantrópica –la Fundación Nobel- que anualmente otorgaría unos premios a los que hubieran realizado el mayor beneficio a la humanidad.

Los Premios Nobel se empezaron a otorgar en sus cinco categorías primigenias en 1901, siendo el primer galardonado con el Premio Nobel de la Paz, el suizo Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja.

No obstante, a diferencia de las otras cuatro categorías originarias en la que los criterios para otorgar el galardón suelen ser más objetivos, el Premio Nobel de la Paz, que se concede a propuesta de cinco miembros del Parlamento Sueco (Comité Nobel del Parlamento Sueco); no ha estado jamás exento de polémica porque en no pocos casos se ha otorgado por intereses políticos a personas poco dignas de ser consideradas benefactoras de la paz y de la concordia entre los pueblos. Así en 1906 se concedió al Presidente Norteamericano Theodore Roosvelt por su mediación en 1905 en la guerra Ruso-Japonesa, aunque poco se tuvo en cuenta su belicismo contra España en 1898, su intervencionismo militar en Marruecos y en Panamá y sobre todo, el hecho de que fue el instigador oculto del ataque japonés a Rusia en 1904.

A pesar de que desde 1901 el Premio Nobel de la Paz ha sido concedido a muchas personas de dudosa adhesión a la paz y al entendimiento pacífico entre los pueblos, no cabe duda de que el periodo de inflexión de este galardón que supone el declive en el prestigio de esta categoría de los “Nobel” son los años treinta del Siglo XX en los cuales, a pesar de concederse el Premio Nobel de la Paz de 1935 al pacifista alemán Carl Von Ossietzky que en ese año sufría injusta prisión impuesta por el régimen nazi que imperaba en Alemania no se dudó, por parte del Comité Nobel del Parlamento Sueco, en nominar al mismísimo Adolf Hitler para el Premio Nobel de la Paz del año 1938 como reconocimiento a sus gestiones para salvar la paz mundial en el Tratado de Munich.

Así pues, que se haya concedido el Premio Nobel de la Paz al actual presidente de Estados Unidos, Barak Obama, no debe sorprender ni escandalizar a nadie sino que debe entenderse, más bien, como un gesto más para congraciarse con la primera potencia del mundo porque difícilmente se puede considerar que Obama es “un gran benefactor de la humanidad” cuando tan solo lleva ocho meses en la presidencia del país con más cabezas nucleares del mundo y en este tiempo ni ha acabado con la guerra de Irak ni ha dado muestras de desarrollar una política menos agresiva que sus antecesores en Asia Central y en otras partes del planeta.


Recomendamos encarecidamente a la Fundación Nobel y a la Academia Sueca que recen mucho y eleven preces al Altísimo para que el Premio Nobel de la Paz de este año, Barak Obama, no decida durante el mandato que le resta por cumplir o en el siguiente, si es nuevamente elegido en el año 2012, invadir algún país bajo cualquier excusa porque, de no ser así, tendrían que ir pensando en dejar de otorgar el tan famoso, que ya no prestigioso, galardón para no hacer más el ridículo, como lo hicieron con su “pequeño desliz” de 1938 el cual han procurado ocultar durante años sin éxito.

lunes, 28 de septiembre de 2009

¿OLIMPIADAS EN MADRID 2016?, NO GRACIAS

A pesar de la enorme campaña publicitaria que esta desarrollando el Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid para convencer a los ciudadanos madrileños de las bonanzas y bienaventuranzas de obtener para la villa la organización de los Juegos Olímpicos del año 2016, es de desear, y por ello rogamos e imploramos a Dios, que la decisión final del Comité Olímpico Internacional libere al buen pueblo de Madrid de tener que asumir tan insoportable carga.

No cabe duda de que la organización de unos Juegos Olímpicos genera grandes beneficios e ingresos, pero no es menos cierto que tan gran y lucrativo negocio no es para todo el mundo y ni siquiera para una gran mayoría, sino que del mismo solo se termina beneficiando la eterna minoría de siempre.

De momento, lo cierto es que si el Señor Alcalde de Madrid don Alberto Ruiz-Gallardón y la Señora Presidenta de la Comunidad Autónoma doña Esperanza Aguirre “tienen una corazonada” los ciudadanos madrileños tienen la certeza y la seguridad de que su Impuesto Sobre Bienes Inmuebles va a subir hasta un veinticinco por ciento y que este año van a tener que pagar por la reimplantada “Tasa de Basuras”. Es decir, aún no se ha concedido a Madrid la organización de juego alguno y los madrileños ven incrementados los impuestos que pagan al tiempo que el municipio se gasta un dinero, que si de tan solo un céntimo de euro se tratara ya resultaría excesivo atendiendo a los tiempos de crisis que padecemos, en promocionar la candidatura de Madrid ante el Comité Olímpico.

Si finalmente la organización de las Olimpiadas en el año 2016 se concede a Madrid, los madrileños no solo tendremos que sufrir las incomodidades que tal evento originaría en una ciudad que tiene ya de por sí un grave problema de tráfico debido al número de vehículos y a las innumerables obras y zanjas abiertas por todas las calles sino que además tendríamos que asumir el coste económico que la organización de tales juegos implican y que, a todas luces, hace que los inconvenientes de los mismos superen sus aparentes ventajas.

Efectivamente la organización de los Juegos Olímpicos generara puestos de trabajo pero solo por el corto tiempo que duren los mismos, asimismo implicara enormes inversiones públicas que finalmente los anónimos ciudadanos tendrán que pagar mediante impuestos, tasas y precios públicos. Las Olimpiadas generaran también importantes inversiones en sectores económicos como la hostelería y el comercio que durante el mes escaso que duren las mismas verán multiplicarse sus ganancias por el incremento de los precios y también por el aumento del número de visitantes y, por último, la organización de los Juegos favorecerá de nuevo la especulación inmobiliaria y veremos como se hacen hoteles que luego se reconvertirán en edificios de apartamentos de lujo y como se construye con dinero público y tal vez privado una “Villa Olímpica” que tras ser desocupada por el último deportista participante en la cuatrienal convocatoria se convertirá en una o varias urbanizaciones de pisos y apartamentos que serán ofertados y vendidos por alguna inmobiliaria privada. Por cierto, y esto debe subrayarse, la construcción de la “Villa Olímpica” tendrá lugar en la misma cuidad donde se ha tenido que paralizar recientemente por falta de financiación el proyecto de construcción de “La Ciudad de la Justicia”, que modernizaría la Administración de Justicia en la Comunidad Autónoma Madrileña.

En definitiva, si hoy por hoy los madrileños sufrimos las molestias de las obras, la subida de impuestos municipales y la creación de nuevas tasas, los problemas del tráfico habitual en la ciudad, el atasco en la Sanidad Pública Madrileña y, sobre todo, la carestía de la vida en general y de la vivienda en particular, en el caso de que el Comité Olímpico Internacional nos haga el flaco favor de concedernos la organización de los Juegos Olímpicos del año 2016, todos los ciudadanos madrileños tendrán que asumir tan desmesurado coste económico y tal rebaja en la calidad de vida que harán definitivamente de Madrid una ciudad para emigrar.

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