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| En las sociedades esclavistas no existe desempleo |
Los datos del paro correspondientes
al mes de Junio que se hicieron públicos la semana pasada arrojan la cifra de
ciento veintidós mil desempleados menos siendo el quinto mes consecutivo que el
paro desciende en nuestro país. ¡¡Cambio de tendencia en el empleo!! Gritan
unos, ¡¡La luz al final del túnel!! Vociferan otros; pero en realidad no hay
nada de eso porque a pesar de existir en nuestro país casi seis millones de
parados, según los datos de la
Encuesta de Población Activa correspondiente al primer
trimestre del 2014, ya podemos decir (o deberíamos decir) que en España el
desempleo ha dejado de ser un problema. Y es que efectivamente, el desempleo ya
es un problema superado, es el problema del año pasado, no de este y por
supuesto tampoco es el problema de los lustros, o décadas, que están por venir
porque el problema real y cierto empieza a ser otro.
El problema que viene, o mejor dicho, que ya está
aquí es que con las nuevas condiciones laborables y sociales que se han
impuesto en los últimos tres años desde el gobierno a base de recortes y subida
de impuestos es posible llegar a una situación de pleno empleo sin que esta
solucione absolutamente nada porque la tendencia real, no la estadística,
indica que los salarios son cada vez más bajos y los precios cada vez más altos
lo que se traduce en una progresiva pérdida de poder adquisitivo de los
trabajadores en activo que se materializa en un número creciente de familias
españolas a las que no les resulta posible llegar, no ya a finales, sino a
mediados de mes.
Los distintos gobiernos que afirman centrar su
actividad en la lucha contra el paro y a favor del pleno empleo adolecen de un error
de base fundamental que les permanece oculto a sus razonamientos y formas de
pensar que consiste en considerar el pleno empleo o a la lucha contra el
desempleo como un fin en sí mismo y no como un medio para generar riqueza y
combatir la pobreza y la exclusión social. Así pues, de nada sirve crear
cientos de miles o millones de puestos de trabajo si el esfuerzo productivo que
realiza el trabajador no se traduce en una justa remuneración en dinero y/o en
especie y en una estabilidad laboral que le permita llevar una vida digna
alejada de las incertidumbres y sobresaltos que provocan esos nuevos templos
que se llaman “mercados” donde se practica la nueva religión denominada
“economía”.
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| A pesar de tener empleo, la miseria es el problema del futuro inmediato |
De hecho, la profundidad de la crisis que padecemos
actualmente se debe en gran medida a que la situación de casi pleno empleo
existente en los años 2007 y 2008, desconocía por completo la verdad
anteriormente expuesta en el párrafo anterior y mientras la “moderación
salarial” de aquellos contratos “mileuristas” no fomentaba el ahorro de los
ciudadanos y sí su endeudamiento, la inestabilidad laboral debida a la
concatenación de multitud de contratos laborales de carácter temporal hacía más
que previsible pequeñas crisis económicas periódicas en el seno familiar al
tener que compaginar el trabajador periodos de actividad con periodos de
desempleo. Con una situación así, donde se ganaba poco y no se estaba seguro de
seguir trabajando al año siguiente el fomentar el consumo y el permitir que se
concedieran hipotecas a cuarenta años fue una locura, pero una locura
inevitable si consideramos que la gente precisa de vivienda y que los bancos
viven de dar préstamos ya que la única posible defensa contra esa situación
solo podía haber sido que la gente gastase menos y ahorrara más y los bancos no
dieran ningún préstamo por considerar que la situación laboral del solicitante
no ofrecía garantía alguna de pago a medio y largo plazo; cosa esta que, por
cierto, es lo que viene ocurriendo en la actualidad.
De forma práctica, el salario de un trabajador no
está solo integrado por el dinero que percibe del empresario para el que
trabaja sino también por las prestaciones sociales, como sanidad, educación,
justicia etc… que el estado presta a la colectividad y que financia con los
impuestos que pagamos todos. Así pues, si de un salario, ya bajo de por sí, restamos
determinadas cantidades destinadas a cubrir necesidades que anteriormente
venían cubiertas por las prestaciones sociales a cargo del estado resulta que
la renta disponible real se reduce mucho más que lo que indican las
estadísticas que solo tienen en cuenta el salario que se percibe y que figura
en la nómina encontrándonos con un empobrecimiento progresivo de la población
que, a fin de cuentas, es el verdadero problema, y no ya el desempleo, con el
que los españoles estamos empezando a enfrentarnos actualmente.
Llegar a una situación de pleno empleo a costa de
mantener los salarios bajos (incluso por debajo del actual Salario Mínimo
Interprofesional si este se elimina como propone la Fundación FAES que dirige el
expresidente y eminente lumbreras con bigote, José María Aznar) en un mercado
laboral altamente flexible que favorezca despidos y movilidades geográficas de
los trabajadores generará irremediablemente el empobrecimiento generalizado y
radical de la población y muy posiblemente la reducción del país a una
situación de colonia de diversas corporaciones y multinacionales interesadas en
encontrar mano de obra dispuesta a aceptar un salario de pura y simple supervivencia.
Este es, en definitiva, el problema actual con cuyo agravamiento y
generalización tendremos que enfrentarnos en un futuro no muy lejano: La
situación de pleno empleo que no permita a los trabajadores mantenerse
económicamente.


