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lunes, 7 de julio de 2014

EL DESEMPLEO EN ESPAÑA NO ES PROBLEMA

En las sociedades esclavistas no existe desempleo
Un titular es una frase breve que tiene por objeto fundamental conseguir la atención del lector y despertar su interés sobre un texto mucho mayor y estoy seguro que con el título que encabeza el presente artículo voy a conseguir ambas cosas aunque solo sea de aquellos a los que escandalice una afirmación tan frívola e inconsciente.

Los datos del paro correspondientes al mes de Junio que se hicieron públicos la semana pasada arrojan la cifra de ciento veintidós mil desempleados menos siendo el quinto mes consecutivo que el paro desciende en nuestro país. ¡¡Cambio de tendencia en el empleo!! Gritan unos, ¡¡La luz al final del túnel!! Vociferan otros; pero en realidad no hay nada de eso porque a pesar de existir en nuestro país casi seis millones de parados, según los datos de la Encuesta de Población Activa correspondiente al primer trimestre del 2014, ya podemos decir (o deberíamos decir) que en España el desempleo ha dejado de ser un problema. Y es que efectivamente, el desempleo ya es un problema superado, es el problema del año pasado, no de este y por supuesto tampoco es el problema de los lustros, o décadas, que están por venir porque el problema real y cierto empieza a ser otro.

El problema que viene, o mejor dicho, que ya está aquí es que con las nuevas condiciones laborables y sociales que se han impuesto en los últimos tres años desde el gobierno a base de recortes y subida de impuestos es posible llegar a una situación de pleno empleo sin que esta solucione absolutamente nada porque la tendencia real, no la estadística, indica que los salarios son cada vez más bajos y los precios cada vez más altos lo que se traduce en una progresiva pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores en activo que se materializa en un número creciente de familias españolas a las que no les resulta posible llegar, no ya a finales, sino a mediados de mes.

Los distintos gobiernos que afirman centrar su actividad en la lucha contra el paro y a favor del pleno empleo adolecen de un error de base fundamental que les permanece oculto a sus razonamientos y formas de pensar que consiste en considerar el pleno empleo o a la lucha contra el desempleo como un fin en sí mismo y no como un medio para generar riqueza y combatir la pobreza y la exclusión social. Así pues, de nada sirve crear cientos de miles o millones de puestos de trabajo si el esfuerzo productivo que realiza el trabajador no se traduce en una justa remuneración en dinero y/o en especie y en una estabilidad laboral que le permita llevar una vida digna alejada de las incertidumbres y sobresaltos que provocan esos nuevos templos que se llaman “mercados” donde se practica la nueva religión denominada “economía”.

A pesar de tener empleo, la miseria es el problema del futuro inmediato
De hecho, la profundidad de la crisis que padecemos actualmente se debe en gran medida a que la situación de casi pleno empleo existente en los años 2007 y 2008, desconocía por completo la verdad anteriormente expuesta en el párrafo anterior y mientras la “moderación salarial” de aquellos contratos “mileuristas” no fomentaba el ahorro de los ciudadanos y sí su endeudamiento, la inestabilidad laboral debida a la concatenación de multitud de contratos laborales de carácter temporal hacía más que previsible pequeñas crisis económicas periódicas en el seno familiar al tener que compaginar el trabajador periodos de actividad con periodos de desempleo. Con una situación así, donde se ganaba poco y no se estaba seguro de seguir trabajando al año siguiente el fomentar el consumo y el permitir que se concedieran hipotecas a cuarenta años fue una locura, pero una locura inevitable si consideramos que la gente precisa de vivienda y que los bancos viven de dar préstamos ya que la única posible defensa contra esa situación solo podía haber sido que la gente gastase menos y ahorrara más y los bancos no dieran ningún préstamo por considerar que la situación laboral del solicitante no ofrecía garantía alguna de pago a medio y largo plazo; cosa esta que, por cierto, es lo que viene ocurriendo en la actualidad.

De forma práctica, el salario de un trabajador no está solo integrado por el dinero que percibe del empresario para el que trabaja sino también por las prestaciones sociales, como sanidad, educación, justicia etc… que el estado presta a la colectividad y que financia con los impuestos que pagamos todos. Así pues, si de un salario, ya bajo de por sí, restamos determinadas cantidades destinadas a cubrir necesidades que anteriormente venían cubiertas por las prestaciones sociales a cargo del estado resulta que la renta disponible real se reduce mucho más que lo que indican las estadísticas que solo tienen en cuenta el salario que se percibe y que figura en la nómina encontrándonos con un empobrecimiento progresivo de la población que, a fin de cuentas, es el verdadero problema, y no ya el desempleo, con el que los españoles estamos empezando a enfrentarnos actualmente.

Llegar a una situación de pleno empleo a costa de mantener los salarios bajos (incluso por debajo del actual Salario Mínimo Interprofesional si este se elimina como propone la Fundación FAES que dirige el expresidente y eminente lumbreras con bigote, José María Aznar) en un mercado laboral altamente flexible que favorezca despidos y movilidades geográficas de los trabajadores generará irremediablemente el empobrecimiento generalizado y radical de la población y muy posiblemente la reducción del país a una situación de colonia de diversas corporaciones y multinacionales interesadas en encontrar mano de obra dispuesta a aceptar un salario de pura y simple supervivencia. 

Este es, en definitiva,  el problema actual con cuyo agravamiento y generalización tendremos que enfrentarnos en un futuro no muy lejano: La situación de pleno empleo que no permita a los trabajadores mantenerse económicamente.

martes, 19 de marzo de 2013

Y AHORA… ¡¡CHIPRE!!!



            El pasado sábado, 16 de Marzo de 2013, saltó la noticia a los medios de comunicación de que ahora es Chipre quien debe ser rescatado por la Unión Europea imponiéndose a los depositantes de fondos en entidades financieras radicadas en la isla mediterránea el llamado “corralito” bancario en virtud del cual no podrán sacar su propio dinero depositado en los bancos.

            Parece ser que lo que ha llevado a Chipre a pedir el rescate es el notable endeudamiento que le hace necesitar diez mil millones de euros que el gobierno chipriota tiene pensado pagar imponiendo a todos los ciudadanos que tienen ahorros depositados en bancos chipriotas el pago de un porcentaje de los mismos lo que equivale real y claramente a confiscar los ahorros particulares y privados de los ciudadanos chipriotas y residentes extranjeros en la isla. A este respecto tenemos que decir que si bien es injusta la confiscación por parte de los estados de bienes y propiedades particulares para responder de las deudas que los ciudadanos no han contraído, no es menos cierto que el gobierno chipriota al menos ha sido honesto pues directamente ha procedido a la requisa mientras que otros estados, como el español, simplemente se dedican a subir los impuestos y a reducir los salarios lo que, a la postre, implica que se tenga que echar mano a los ahorros para poder sobrevivir con la consecuencia de la reducción de los mismos.

            Es de recordar que Chipre entró a formar parte de la Unión Europea en el año 2004, año este en que se procedió a la mayor ampliación de toda su historia con la incorporación además de Polonia, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, la República Eslovaca y Eslovenia. Muchos de estos países que se incorporaron a la Unión Europea en el 2004 presentaban y presentan graves carencias no solo en materia económica sino sobre todo en cuestión de derechos humanos y de derecho internacional. Mientras que la ampliación de la Unión Europea a los Países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) planteaba problemas en materia de derechos humanos ya que en estos estados el número de minorías consideradas “apátridas” y sin derechos ciudadanos suman porcentajes extremadamente elevados, la admisión de Chipre en la Unión Europea planteaba un grave problema de derecho internacional ya que al ser excluida de la incorporación a la Unión Europea la llamada República Turca del Norte de Chipre, estado de facto tan solo reconocido por Turquía, se consolidaba la partición de la isla y se infringían todas las resoluciones de la ONU en este sentido.

            Así pues surge la inevitable pregunta ¿Por qué la Unión Europea se amplió y se sigue ampliando a países con graves deficiencias económicas, políticas y en materia de derechos humanos?. La respuesta es evidente: porque a la Unión Europea no le importan ni los derechos humanos ni las libertades políticas, a la Unión Europea solo le interesa la economía y aún así no es toda la economía la que le interesa sino solo aquella que corresponde a sus dos únicos estados importantes: Alemania y Francia.

            Desde el Tratado de Maastricht en 1992, Francia y Alemania están colaborando activa y sabiamente para repartirse el continente europeo en áreas de influencia económica y, como no puede ser de otra manera, también política y este reparto explica sobradamente lo que está ocurriendo actualmente en Grecia, Portugal, España, Irlanda y ahora Chipre (curiosamente la economía de todos estos países antes de su entrada en el Mercado Común estaba diversificada con cierta preponderancia de la agricultura sobre los demás sectores económicos y en todas ellas existía un incipiente y creciente sector industrial, en cambio, desde su incorporación a la Unión Europea las características económicas de todos estos estados derivaron en una preponderancia del sector servicios con una notable disminución del sector agropecuario y una práctica total desaparición del sector industrial). Hace menos de un siglo, si Alemania o Francia hubieran querido extenderse por Europa habrían lanzado innumerables ejércitos por sus fronteras, en cambio, hoy en día tan solo tienen que favorecer la entrada en la Unión Europea de países con economías débiles o previamente debilitadas (como en el caso español), hacerles endeudarse, bien haciendo que compren numerosas unidades producidas en el seno de los grandes programas industriales y tecnológicos europeos (Eurocopter, Eurofighter, etc…) donde la participación de la industria franco-alemana es mayoritaria o, bien, haciendo que construyan innumerables infraestructuras, muchas de ellas claramente innecesarias, y que luego cuestan tanto dinero el conservarlas que se convierten en un importante foco de endeudamiento público. Una vez que estos países han entrado en la Unión Europea y se han endeudado, Francia y Alemania les impondrán unas condiciones extremas para acudir en su ayuda financiera que se traducirá en la intervención directa de Francia y Alemania en las respectivas economías nacionales, en la compra a la baja de lo que aún constituya su tejido económico y en el radical empobrecimiento de la población autóctona en lo que es la eterna y vieja manifestación del mas decimonónico de los imperialismos.

            Y esto es lo que esta sucediendo en Grecia, Portugal, Irlanda, España y ahora en Chipre. Chipre recibirá una ayuda económica de unos diez mil millones de Euros cuya devolución se va a garantizar con los depósitos bancarios de sus ciudadanos y de los ciudadanos extranjeros residentes en Chipre, en lo que equivale a un “préstamo pignoraticio”. Cuando Chipre salga de la situación que atraviesa sus infraestructuras y su tejido económico habrán pasado mayoritariamente a manos de empresas alemanas o francesas y sus ciudadanos serán más pobres y menos libres al ser gobernados por el gobierno de turno radicado en Nicosia según los dictados de los gobiernos de Berlín o París.

            Y es que en esto, no nos engañemos, consiste la llamada Unión Europea: en la franca y leal colaboración Franco-Alemana para dominar a todos los demás pueblos europeos y repartirse, de mutuo acuerdo y en cordial amistad, todas sus riquezas, por lo que pretender que “otra Europa es posible” o clamar por “la Europa de los ciudadanos” es creer en los Reyes Magos o en la posibilidad de que pudiera existir un nazismo “de rostro humano” no cabiendo más opción, cierta y real, que reclamar la restitución de todas las soberanías nacionales entregadas a las distintas instituciones europeas cuyos fundamentos ya se han revelado esclavizantes.

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