CONTACTO (indicando como asunto El Chouan Ibérico): arturoen@hotmail.com

viernes, 13 de noviembre de 2015

MENSAJE DE DON CARLOS JAVIER CON MOTIVO DEL DÍA DE LA DINASTÍA LEGÍTIMA





Mis queridos carlistas:

                             Agradeceros las muestras de afecto y lealtad que he recibido con motivo de mi onomástica. Festividad que debo  de compartir con todos vosotros,  porque es también, en definitiva, la de este formidable movimiento popular que es el Carlismo.

                            Desde Carlos V,  hasta llegar a mi abuelo y a mi padre, todos los Reyes carlistas han estado al lado del pueblo. Juntos hemos compartido las dificultades  que en cada momento de la historia han afectado a las Españas. Hemos sufrido marginación, silencio y exilio, pero no han logrado acallarnos. Debemos de seguir dando testimonio de nuestros ideales  y  participando en los problemas colectivos.

                            Hemos de luchar contra la desigualdad y defender  la  justicia y la libertad, que es la causa de los desfavorecidos.  Debemos encontrar formas adecuadas para resolver los problemas más complejos del mundo actual, especialmente la pobreza y el medio ambiente, como nos recordaba el Santo Padre en su reciente encíclica.

                           En estos momentos de grave crisis institucional tenemos que proponer nuestras soluciones forales y federativas, basadas en el principio de la subsidiariedad y el reconocimiento de los cuerpos intermedios, lo que ahora se llama sociedad civil.  Os invito a trabajar por el  respeto, la solidaridad,  el entendimiento y el pacto. Nuestra voz debe de ser escuchada.

                            Renuevo el compromiso que nos une, os transmito el afecto y cariño de Ana María junto con  el de toda nuestra familia y el mío propio.





En Ámsterdam a 6 de noviembre de 2015




 

                                               Carlos Javier de Borbón Parma

jueves, 5 de noviembre de 2015

LA INDEPENDENCIA: EL RESULTADO DEL PROBLEMA



El registro, la semana pasada, por la mesa de las Cortes Catalanas de una moción tendente a favorecer "la desconexión con España", parece haber provocado en el gobierno del Partido Popular una especie de agitación, nerviosismo y "Baile de San Vito" que ha llevado a su presidente, Mariano Rajoy, a convocar urgentemente conferencias con los líderes de otras formaciones políticas en un claro contraste con la parsimonia, tranquilidad y el "aquí no pasa nada" con el que don Mariano se tomaba las manifestaciones con masas oceánicas que llenaban la Diagonal de Barcelona pidiendo la independencia o las numerosas declaraciones de los más relevantes políticos catalanes en ese sentido. Es como si el Gobierno del Partido Popular hubiera entrado en una crisis de pánico. No es para menos y al final diremos por qué.

            La actual demanda de independencia existente hoy en Cataluña no es diferente de la demanda de independencia que existía hace un año, entonces ¿A qué se debe este espasmo de hiperactivismo que afecta desde la semana pasada al señor Presidente del Gobierno?. La respuesta a esta pregunta es muy clara: solo ahora el gobierno y demás políticos afines creen que la independencia de Cataluña y la ruptura del Estado Español es realmente posible.

            Lo que el Gobierno del señor Rajoy y sus circunstanciales aliados en la cuestión catalana ignoran es que la independencia de Cataluña no es ningún problema sino el lógico y previsible resultado del verdadero problema que la casta política española, más ocupada de hacer de la política Sierra Morena y de las decisiones políticas trabucos, ha estado ignorando durante cuarenta años perdiendo la oportunidad histórica de estructurar territorialmente el estado de forma definitiva e integradora de la totalidad de los ciudadanos. El problema, el verdadero problema, del que el actual independentismo catalán no es más que su culminación lógica surge en los inicios de la llamada "Transición" cuando los estudios socio-estadísticos arrojaban el dato objetivo de que en Cataluña existía el porcentaje de entre un cinco y un quince por ciento de ciudadanos que no se sentían identificados con el proyecto de España que se les ofrecía.

Un cinco o un quince por ciento de ciudadanos evidentemente no es un porcentaje mayoritario ni aplastante, pero si es un porcentaje lo suficientemente relevante en política para convertirse en un problema futuro o en una oportunidad a explotar. No obstante, ningún lumbreras del estado español, que además de por la casta política está integrado por otras castas funcionariales de Grupo A, consideró la existencia de problema alguno despreciando a los que señalábamos la cuestión con las típicas frases de "son una minoría", "descontentos hay en todos lados" y "solo son un quince por ciento" y así han pasado cuarenta años en los que, lejos de llevar a cabo políticas adecuadas para reducir progresivamente tal porcentaje hasta su extinción y auspiciar su paulatina identificación con un proyecto en común, se ha favorecido el crecimiento de esa minoría del quince por ciento hasta convertirse en el cincuenta por ciento que, como poco, son ahora.

            Cuando hace cuatro años "la minoría" empieza a crecer exponencialmente al calor de la crisis económica y de los recortes, la casta política española reacciona tímidamente y abandonando el discurso de "son una minoría" pasa a explotar el discurso de la "mayoría silenciosa de Cataluña" debiéndose entender por tal a todos aquellos catalanes que sintiéndose catalanes y españoles no se manifiestan, no sacan la bandera rojigualda  al balcón y el día de las elecciones se quedan en casa y no acuden a votar; pues bien, a tenor de los resultados de las pasadas elecciones autonómicas del 27 de Septiembre, parece ser que esa "mayoría silenciosa", no es tan mayoría. Y es que si en este país, todavía llamado España, existe "una mayoría silenciosa" es esa silenciosa mayoría que nuestra casta política se ha cuidado muy mucho de ir fomentando irresponsablemente a lo largo de los últimos cuarenta años y que está integrada por todos aquellos ciudadanos que fuera de los territorios con fuerte presencia nacionalista periférica (Cataluña, EuskalHerria y Galicia) no se sienten identificados con el proyecto político de España o que el mismo les da completamente igual, hasta tal extremo que, a día de hoy, bien se podría afirmar que los principales enemigos de la posible independencia de Cataluña son los políticos, todos los políticos, catalanes y su principal aliado la indiferencia de esos millones españoles que, no viviendo en Cataluña, no se sienten españoles y a los que jamás se les ha preguntado qué opinan de su nacionalidad española.

            Así pues, de aquellos barros vienen estos lodos, y cuando el gobierno empieza a considerar la posibilidad real de la secesión de Cataluña es cuando se agita compulsivamente, entra en pánico y da palos de ciego porque realmente no sabe qué hacer  además de emprender una guerra de palabras donde algunos hablan de "blindar la unidad de España" como si se tratase de una doncella cuya virtud hay que proteger con un cinturón de castidad. Después de cuarenta años mirando para otro lado, presentando la mediocridad constitucional como la Divina perfección y obviando la realidad heterogénea de Las Españas, que históricamente nunca han sido una unidad política sino una unión, el gobierno reacciona con espanto, pero su espanto, su terror y su pánico no procede de que el más antiguo estado moderno del mundo, uno de los pocos que ha hecho Historia Universal, se diluya hasta desaparecer sino de la pérdida de justificación que tendrían la totalidad de las instituciones de ese Estado y que, en caso de verificarse la secesión de Cataluña, podrían hacerse plantear al común de los ciudadanos el por qué hay que continuar pagando impuestos para que los titulares de dichas instituciones sigan cobrando sus magros emolumentos cuando ha quedado de manifiesto su más completa incompetencia e inutilidad.

miércoles, 28 de octubre de 2015

A VUELTAS CON LA PROSTITUCIÓN



Mientras que la crisis económica campea a sus anchas por toda la piel de toro excluyendo y marginando socialmente cada vez a más familias, nuestros políticos se dedican a abrir debates falsos a fin de entretener al personal y distraerlo de la percepción de la vacuidad de los programas electorales con los que los partidos aseguran poder redimirnos a todos. En este sentido, el Partido Socialista Obrero Español (P.S.O.E.) ha incluido en su programa una propuesta, realmente muy difícil de calificar, consistente en estorbar o entorpecer el ejercicio de la prostitución  sancionando la demanda y el alquiler de locales con el objeto de lucrarse de la industria del sexo y bien decimos que es una propuesta muy difícil de calificar porque en el eterno debate sobre la regulación o prohibición de la prostitución, el Partido Socialista ha abierto una tercera vía que es ni prohibición ni regulación, sino  todo lo contrario.

            En el debate sobre la regularización o prohibición de la prostitución los partidarios de lo primero han de saber que en España, y hasta mediados de los años cincuenta del siglo pasado, el ejercicio de la prostitución estuvo regulado y fue legal en lugares cerrados sometidos a rigurosos controles sanitarios y policiales hasta que el Régimen Franquista, en búsqueda de su homologación con los estados de su entorno occidental, suscribió en 1956 el Convenio de la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) para la "Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución" de 1950, a partir de ese momento el ejercicio de la prostitución paso a ser "alegal" si bien el Código Penal perseguía tres conductas relacionadas con la misma y que el vigente Código Penal despenalizó en 1995: el Celestinaje o la puesta a disposición de un lugar donde se ejerciera la prostitución, el Rufianismo o el vivir en todo o en parte de la prostitución ajena y el Proxenetismo o la recluta de personas para la prostitución. Así pues, la situación de "alegalidad" de la prostitución en España se debe a un Tratado Internacional y aquellos que pretenden su regulación, en realidad deberían empezar por pedir la denuncia del Convenio Internacional para "Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución" de 1950, al igual que otros piden la denuncia del Concordato de 1979 con la Santa Sede.

            Se podrá alegar, y con toda la razón, que países de nuestro entorno europeo como Alemania, Austria u Holanda han "regulado" la prostitución pero lo que en realidad se ha hecho en esos países es legalizar el rufianismo. Desde el punto de vista jurídico, la relación que une a la persona que ejerce la prostitución con su cliente constituye un contrato de prestación de servicios  personalísimo ya que el cliente elige a la persona concreta que quiere que le preste el servicio no pudiendo ser otra diferente por lo que nos encontramos claramente ante una actividad profesional que ha de generar los pertinentes beneficios económicos a quien la ejerce, pero no a otros; por tanto, que la prostitución genere el más mínimo ingreso económico a cualquier persona física o jurídica que no sea la/el propia/o prostituta/o es una forma de rufianismo y negar tal cosa es negar la luz del Sol.

            Desdeñando las posiciones "prohibicionistas" por ser de una ingenuidad beatífica imposibles de valorar desde una perspectiva práctica ya que la prostitución es una de las tres profesiones más antiguas del mundo (las otras dos son la de sacerdote y la de guerrero) y, a pesar de que en ocasiones se le ha perseguido con dureza y saña, jamás ha dejado de ejercerse; el tema debe ser centrado rechazando la hipocresía y el oportunismo con el que los políticos siempre lo han tratado.

            Lo que realmente mueve a los distintos miembros de nuestra casta política a plantearse ahora el tema de la prostitución es el aspecto puramente económico ya que ven, en los enormes beneficios que genera dicho sector, una posibilidad de incrementar los ingresos del estado vía impuestos ignorando el hecho de que si la prostitución genera tantos beneficios es debido en gran medida precisamente al hecho de que no se pagan impuestos por ejercerla. Esta voracidad recaudatoria, no nos engañemos, es lo que está detrás de la legalización de la prostitución en los estados de nuestro entorno lo cual convierte a esos estados en unos claros rufianes indirectos al mismo tiempo que permite a los rufianes directos meter el dinero que obtienen en el circuito económico sin necesidad de tener que acudir a métodos de blanqueamiento.  Como ningún autodenominado "hombre de estado" se atreve a reconocer que ese es su único interés en el tema, lo enmascaran aludiendo a la dignidad de la mujer (curiosamente casi siempre hablan de la mujer obviando que también existe la prostitución masculina) y a la persecución de "mafias" que se enriquecen con el tráfico de personas.

Esta afirmación, de que la persecución de las "mafias" y la dignidad de la mujer (repetimos, que nunca o casi nunca, se refieren a la prostitución masculina) es una mera justificación recurrente de los políticos que oculta sus verdaderas intenciones queda demostrada con los siguientes hechos paradójicos y objetivos: durante las últimas décadas los ayuntamientos de todos los colores políticos han dado licencias de apertura a "locales" donde solo un pobre imbécil no sabría, incluso de antemano, que se trataba de verdaderas casas de lenocinio y durante décadas se han visto anuncios en todos los periódicos donde se anunciaban servicios de "sauna y masajes" en los que solo otro pobre imbécil no identificaría como claros servicios de prostitución realizados en pisos privados; pues bien, en todo este tiempo jamás se le ha ocurrido a nadie, en aras de la dignidad de la mujer y de la lucha contra las "mafias", ni siquiera poner a un policía de los de "segunda actividad" a localizar telefónicamente los lugares anunciados en la prensa y pasarse por los mismos para inspeccionarlos. A esto último se podrá objetar el sofisma de que "no existía legislación mínima que permitiera tal actuación", lo cual es radicalmente falso porque existen numerosas ordenanzas y reglamentos municipales que regulan el funcionamiento de los locales abiertos al público imponiéndoles normas y siendo cualquier piso donde se ejerza la prostitución, evidentemente,  un local abierto al público el mismo queda sujeto a las ordenanzas de higiene y de consumo de bebidas alcohólicas ignorándose por puro desinterés y deserción de la autoridad competente si en los mismos entran o no menores, si se les proporciona o no bebidas alcohólicas, si presentan las adecuadas condiciones higiénicas e incluso si en ellos se cumple o no la legislación antitabaco impuesta a los lugares públicos y centros de trabajo (1). El tema de la dignidad de los trabajadores, de todos los trabajadores, y de la lucha contra la delincuencia es una cuestión muy seria para que unos señores con la pretensión de arañar votos nos vengan a hablar de dignidad y de sanciones cuando sus respectivos partidos han tenido y tienen aún en el ámbito municipal la posibilidad de haber hecho algo al respecto y, simplemente, no lo han hecho.

            La cuestión de la prostitución se ha de afrontar desde la honradez intelectual y para ello hay que reconocer, en primer lugar, que los individuos venden lo que tienen y lo que creen que puede darles más beneficios (solo los políticos venden lo que no tienen) por lo que pueden existir personas que prefieran ganar cinco mil euros a la semana ejerciendo la prostitución en vez de seiscientos al mes trabajando de cajera o reponedor. ¿Eso afecta a la dignidad de quien ejerce la prostitución?, Si tal actividad se ejerce libremente y sin coacción alguna la única falta de dignidad y de vergüenza se encuentra en los sujetos que permiten la existencia de salarios de seiscientos euros mensuales y que generalmente ponen beatíficos reparos de santurrón ante el hecho de que alguien pueda alquilar su propio cuerpo mientras que ellos mismos no son más que conciencias de alquiler. No obstante, la prostitución exige, más bien que requiere, una regulación legal para evitar las actividades delictivas e infracciones administrativas que se suelen mover en torno a ella sin contrariar lo dispuesto en los tratados internacionales sobre la trata de seres humanos y explotación de la prostitución ajena y para ello lo mejor sería considerarla una actividad profesional personalísima que, no siendo deseable que existiera, se ejerciera exclusivamente en locales cerrados de titularidad municipal que contasen con un trabajador social y otro sanitario y que por ello la prostituta/o solo pagase una tasa anual a fin de que la prestación de los servicios socio-sanitarios por parte del ayuntamiento no perjudicara a las arcas municipales. También se podría considerar el ejercicio libre de la profesión declarándose a la autoridad municipal el horario y el lugar, que siempre deberá ser un lugar cerrado, en el que se va a ejercer a fin de que el ayuntamiento tome las pertinentes medidas socio-sanitarias y garantizándose en todo caso que solo el profesional es el que obtiene el beneficio de su trabajo mediando el correspondiente pago de la tasa anual (2).

           

           



(1) Es curioso, más aún insultante, para la inteligencia de cualquier ciudadano medio que en este país hace unos años se cerrase un restaurante en Marbella por negarse su propietario a acatar la "ley antitabaco" cuando es casi seguro que en esos pisos que se anuncian en los periódicos y donde se ejerce la prostitución se vulnera dicha ley sin que ninguna autoridad les conmine a su cumplimiento o cierre el establecimiento.

(2) La diferencia entre una tasa y un impuesto radica en que mientras el impuesto grava una actividad o bien generando un beneficio para la entidad recaudadora, la tasa simplemente corresponde a la cuantía que una entidad pública desembolsa para prestar un servicio por lo que la tasa no supone beneficio alguno para la entidad recaudadora al igual que el servicio prestado por el que se abona esa tasa no le supone ningún desembolso real a la misma.

jueves, 22 de octubre de 2015

TRANSFUGUISMO O EVOLUCIÓN



El reciente fichaje por parte del Partido Socialista Obrero Español (P.S.O.E) de la todavía diputada por el partido Unión Progreso y Democracia, doña Irene Lozano, ha reabierto el debate sobre el transfuguismo y ha procurado enormes críticas al aún primer partido de la oposición aunque tales críticas sean oportunistas y electoralistas y el debate sobre el transfuguismo sea, junto con otros debates como el de la corrupción política, un puro reduccionismo optimista ya que el verdadero debate no es si tal o cual político cambia de partido sino la calaña moral de los integrantes de la casta política.

            Para empezar, transfuguismo es otro término lingüístico más tendente a crear y fomentar el uso de un lenguaje políticamente correcto en el que no se debe ni se puede llamar al pan, pan y al vino, vino. "Transfuguismo" es el eufemismo de "traición" y "tránsfuga" es el eufemismo de "traidor" al igual que "vigilante de fincas urbanas" es el eufemismo de "conserje" y "placa emblema" es el eufemismo de "la chapa" policial de toda la vida.

            La filosofía nos dice, y la ciencia nos demuestra, que "todo fluye y nada permanece" (Heráclito) y ese fluir implica inexorablemente cambios evolutivos. Una persona puede tener unas ideas a los veinte años que puede no tener a los cuarenta y tal evolución además de ser muy legítima no constituye traición alguna pero, eso sí, es siempre el resultado de un proceso mental que, aunque puede verse influido por algunos elementos exógenos, es fundamentalmente interno, largo, complejo y que implica pasar por un periodo más o menos largo, pero siempre prolongado, de duda y de "crisis de fe" durante el cual unas ideas se desechan o se matizan y otras nuevas las sustituyen o complementan. Por todo ello, si excluimos la intervención divina como en el conocido caso de San Pablo, ninguna evolución ideológica se produce de la noche a la mañana o es producto de un único mes de reflexiones salvo que se halle de por medio una zarza ardiente; y si algunos miembros de la casta política española que se han acostado republicanos y se han levantado monárquicos o se han ido a la cama con ideas conservadoras y a la mañana siguiente, durante el desayuno, expresaban un pensamiento progresista porque una zarza flamígera les habló en sueños bueno sería que lo expresaran abiertamente para que los electores se hicieran una justa idea de la salud mental de quienes les representan en las instituciones políticas del régimen de 1978.

            La evolución  ideológica es comprensible, aceptable y respetable, pero la traición siempre resulta un acto execrable e injustificable y por ello el traidor intenta ocultar su traición tras cierto aire de respetabilidad con la máscara de una supuesta evolución ideológica. No obstante, las actitudes y modos empleados ponen de manifiesto a simple vista y para cualquier mero observador que quiera comprender lo que ve cuando uno ha evolucionado ideológicamente o cuando uno ha traicionado o está traicionando.

            Como hemos dicho anteriormente, la evolución ideológica es siempre un proceso lento que puede durar uno o más años además de ser multidireccional, es decir, la evolución ideológica puede conducir tanto de la nada política a la cumbre del poder o viceversa, de la cumbre del poder a la nada política. En cambio la traición siempre se consuma en un muy breve periodo de tiempo, suele ir precedida de intentos frustrados de mantenerse en una estructura de poder liderando intentos de "regeneración", "reforma", "mejoras", etc... y, lo que la hace más evidente, la traición siempre es mono direccional porque siempre parte de situaciones o estructuras que están en la nada política o padecen la amenaza de estarlo hacia estructuras o situaciones que están consolidadas en el poder o tienen buenos pronósticos para estarlo.

            La numerosa proliferación entre la actual casta política española de estos seres que dicen hoy lo que negaban ayer, que pasan a engrosar las filas de grupos políticos que anteayer denostaban, que contradicen sus palabras con sus actos y que descubren la perversión de los partidos donde militan casualmente cinco minutos antes de que les hagan abandonar las poltronas que ocupan y de las que viven refleja claramente el jaez moral de la totalidad de la casta política que padecemos y debería alejar de los ciudadanos cualquier esperanza de que esta clase gentes puedan hacer algo positivo por el conjunto del país.

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