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domingo, 8 de marzo de 2020

CON MOTIVO DEL 8 DE MARZO. DIA DE LA MUJER


Doña María Teresa de Borbón Parma

 Es la militancia política a la que acudimos los carlistas al principio de los años sesenta del Siglo XX la que ha despertado nuestra conciencia feminista. El ser militante no suponía solo luchar contra unas estructuras políticas represivas, sino también luchar contra unas estructuras social-familiares igualmente represivas en su ámbito de aceptación colectiva.

            En efecto, la militancia política hace posible acercarse a la realidad, luchar contra las graves injusticias y disfunciones de esta realidad, aceptando el riesgo que esto supone. Pero este espacio estaba vedado a las mujeres: la inteligencia que permite “apoderarse” de una situación, el compromiso que esto supone de por sí, y más aún, si este compromiso se vuelve activo y peligroso no pertenece al ámbito femenino. 

            Había que proteger a la mujer del peligro y, finalmente, de la realidad. La realidad estaba vetada a las mujeres, porque la realidad es siempre activa.

            Me acuerdo de nuestros chicos diciéndonos: “acudiremos; y las chicas se quedaran en casa velando por la familia”. Y, ¡qué sorpresa!, sorpresa positiva, cuando nos organizamos para hacer turnos en la acción política (cursillos, reuniones, manifestaciones…), se produjo la alternancia, una vez el “chico” en casa, otra vez la “chica” en casa.

             No se trata de enfrentarse al “otro”, sino junto al “otro” enfrentarse a las injusticias políticas, sociales y, sobre todo, enfrentarse a lo que las hace aparecer como una fatalidad. Y, precisamente, la mejor arma contra esa fatalidad es la entrada en liza de quienes estaban hasta ahora envueltas en la “fatalidad” de su condición de mujer.

            Así, la pre-Transición al menos nos ha devuelto, nos devolvió, una nueva dimensión para el compromiso personal, una nueva “fraternidad” reconquistada con el otro.


                                

miércoles, 5 de septiembre de 2018

EL VOTO FEMENINO Y YO: MI PECADO MORTAL de CLARA CAMPOAMOR



 La editorial sevillana "Renacimiento" ha publicado recientemente el libro de doña Clara Campoamor titulado "El Voto Femenino y Yo: Mi Pecado Mortal" en el que la que fuera diputada en las Cortes Constituyentes que elaboraron la Constitución de 1931 relata con gran detalle la lucha parlamentaria por el derecho de la mujer al voto.
           
            Por ser una obra escrita por una protagonista directa de los acontecimientos constituye un verdadero documento de gran objetividad que aclara e informa sobre muchos aspectos de los debates que, sobre los derechos de la mujer, tuvieron lugar en aquellas Cortes Constituyentes poniendo negro sobre blanco quienes se oponían a que la mujer tuviera el derecho al voto así como las razones de tal oposición.

            A pesar de la idea que hoy predomina, el libro de doña Clara Campoamor deja muy claro que el derecho al sufragio pasivo, esto es el derecho al voto, de la mujer no fue una graciosa y automática concesión de la II República sino que, por el contrario, se encontró con muy serias resistencias dentro del propio seno del republicanismo español considerado progresista.

            De este modo, en "El Voto Femenino y Yo: Mi Pecado Mortal" doña Clara Campoamor, diputada en aquellas Cortes por el Partido Republicano Radical nos narra como buena parte de la izquierda encabezada por los socialistas Indalecio Prieto y Victoria Kent y gran parte de los republicanos liberales se oponían al reconocimiento del derecho al voto a la mujer alegando que la misma no tendría más criterio político que el de los sacerdotes católicos que la confesaban y que tal influencia clerical en las votantes femeninas sería la muerte de la república.

            Comprobada la imposibilidad de impedir el derecho al voto de las mujeres, Clara Campoamor describe en el libro que ahora reseñamos como los opositores a tal derecho intentaron hurtarle a la mujer la posibilidad de votar por la vía de la legislación electoral estableciendo una moratoria para el ejercicio de su derecho al voto hasta que se hubieran celebrado al menos dos elecciones municipales o reconociéndoselo solo "en principio", lo que hubiera aplazado el derecho al voto de la mujer sine die. Por si estas tácticas no fueran suficientemente reveladoras de la escasa consideración que la mujer merecía para un importante y no pequeño sector del hoy enaltecido republicanismo español basta indicar la proposición hecha por el sector liberal de ese republicanismo de moderar en el debate constitucional sus reivindicaciones anticlericales a cambio de que no fuera reconocido el derecho de la mujer al sufragio pasivo.

            Reconocido finalmente el derecho al voto de la mujer, Clara Campoamor nos explica en "El Voto Femenino y Yo: Mi Pecado Mortal" el precio político que tuvo que pagar  por defender tal derecho. En primer lugar tuvo que soportar que se considerase a la mujer como única responsable del triunfo electoral de las llamadas "Derechas" en las elecciones de 1933 y, tras abandonar el Partido Republicano Radical, a causa de la actuación de éste durante la Revolución de Octubre de 1934, se vio totalmente marginada de la política española siendo vetado su ingreso en Izquierda Republicana precisamente por haber defendido el derecho de las mujeres al voto.

            "El Voto Femenino y Yo: Mi Pecado Mortal" de Clara Campoamor, constituye un objetivo, detallado y esclarecedor libro  sobre un acontecimiento histórico que hoy en día es objeto de tal manipulación y tergiversación que incluso se pretende adscribir a la autora como militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), cuando realmente jamás fue miembro de tal partido por muy "socialista" que pudiera considerarse.

lunes, 12 de marzo de 2018

LOS DERECHOS DE LA MUJER SON LOS DERECHOS DE TODOS *



 El día 8 de marzo se convocan diversas movilizaciones sociales para reivindicar los derechos de la mujer frente a lo que ha sido el dominio de la sociedad machista y patriarcal. Todos los grupos políticos se sienten defensores de los derechos de las mujeres sin atender a la realidad de la brecha salarial, la maternidad, el reconocimiento de su trabajo dentro del mercado laboral y en el hogar. Por ello reivindicamos los derechos de la mujer como nuestros derechos, porque nos afectan a todos.

Lucha de clases:

No podemos perder de vista este principio, ya que en origen, la oligarquía capitalista declaró la guerra al pueblo, mediante el proceso de robo, expropiación y expoliación de los recursos y medios de producción que eran públicos y comunales, y por tanto no eran privados. El endeudamiento financiero en el que está basado el sistema capitalista, somete a los pueblos y les roba sus bienes, recursos y medios de producción comunitarios.

Socialismo frente al Capitalismo:

Así nace el socialismo como idea económica y social que se contrapone al egoísmo burgués capitalista, el cual trata de concentrar los recursos, bienes y medios de producción comunales en pocas manos atendiendo a la privatización de lo público, de la res-pública o cosa pública.

El desarrollo del movimiento obrero decimonónico en su lucha por los derechos de las personas, defendía la dignidad humana reclamando justicia social basada en salarios dignos, viviendas públicas, jornadas de ocho horas o menos, igualdad salarial entre hombre y mujeres ante el mismo trabajo.

Recordemos que el origen del capitalismo nace en el siglo XVI y XVII con el desarrollo del mercado y comercio de esclavos completamente ajeno a la realidad de los Estados monárquicos de entonces. El tráfico de personas enriqueció a las burguesías y oligarquías que posteriormente defendieron el señuelo de la “democracia” basada en las Constituciones liberales que reconocían el libre comercio, la propiedad privada y por tanto el ejercicio del caciquismo mediante la dinámica de hacer transmutar a la democracia en un mercadillo, donde quienes son elegidos en realidad, no son los representantes populares sino los designios de la oligarquía capitalista y sus intereses explotadores.

La lucha de clases molesta a la oligarquía capitalista, la cual aprovecha la caída del muro de Berlín en 1989, pues ya no existe amenaza comunista alguna de ningún bloque soviético, y ello posibilita el desarrollo y ejecución de políticas neoliberales encaminadas en favorecer la privatización de los recursos, bienes y medios de producción comunales. Estas políticas han dejado al pueblo desnudo y sin recursos propios, de manera que se ve postrado ante las sucesivas hipotecas de sus ingresos, ya que los ingresos del Estado quedan mermados por los crecientes intereses que incrementan la deuda pública.

La inestabilidad económica de las familias víctimas del sistema neoliberal capitalista les lleva a perder su empleo y por tanto su salario. No tienen ingresos dignos con los que hacer frente a los gastos del hogar. Esa inestabilidad laboral se traduce en fracaso emocional con la pérdida del puesto de trabajo y del hogar. El capitalismo y su dinámica neoliberal lleva a las personas a una situación de estrés y ansiedad, dejando a las mujeres desamparadas, cuando por otro lado se les exige ser madres a toda costa.

Brecha Salarial:

El capitalismo se basa en la especialización productiva, y divide a los trabajadores de acuerdo a su puesto de trabajo en la búsqueda de la eficiencia productiva. Para ello las fuerzas burguesas de la oligarquía capitalista inventaron diferencias salariales ante un mismo trabajo. Supuestamente este sistema depende del nacimiento de más seres humanos que vengan al mundo a reemplazar a sus padres, y convertirse en mano de obra del “ejército de reserva”, nuevos trabajadores que para acceder al futuro mercado laboral deberán aceptar las condiciones impuestas por la realidad de la oferta y la demanda de trabajo.

El neoliberalismo capitalista trae consigo el libre movimiento y circulación de capitales, aunque paradójicamente viene limitando la libre movilidad de las personas. Si imaginamos la plena libre movilidad de las personas que buscan empleo, y además a ello le sumamos las condiciones de la aplicación del neoliberalismo capitalista en su faceta anarco-capitalista, llegaremos a obtener unas condiciones laborales salariales paupérrimas.

Es lógico y de justicia social que ante la ejecución y elaboración de un mismo trabajo, el salario de la mujer y del hombre sea exactamente el mismo. No tiene ningún sentido y es completamente injusta la existencia de la brecha laboral salarial.

Matriarcado versus Patriarcado:

La lucha de clases se ha sustituido por la lucha de sexos. Matriarcado y patriarcado son sinónimos de sexos opuestos. El hombre no es malo por el hecho de ser hombre, no es violador en potencia por el hecho de ser hombre, no es asesino en potencia por el hecho de ser hombre. Si en cambio es verdad que las víctimas de malos tratos son mujeres, son víctimas de violencia de género que estamos viendo que acaban siendo asesinadas por sus ex-amigos, ex-compañeros sentimentales,… No podemos pensar que la solución al problema machista se realiza sustituyendo el patriarcado actual vigente por el matriarcado. La lucha feminista no es, ni puede ser una lucha para imponer ningún modelo de sociedad matriarcal bajo parámetros copiados del actual y vigente modelo patriarcal.

Lucha de Sexos:

La lucha de sexos trata de secuestrar el feminismo, las ideas y valores feministas que enarbolaban y asumían desde un principio la lucha de clases. El enriquecimiento de los países occidentales del bloque capitalista, ha llevado a la mayoría de mujeres y hombres ciudadanos de los mismos a aceptar el sistema económico capitalista, desechando por completo el origen del problema radicado en la lucha de clases, para sustituirlo por un nuevo desenfoque del análisis de la realidad: la guerra de sexos. El hecho que en los consejos de administración de las grandes corporaciones estén dirigidos por hombres y no por mujeres no es suficiente crítica para reclamar una mayor justicia social, ya que de ser sustituidos esos hombres por mujeres, el problema seguirá existiendo igual y se llama neoliberalismo capitalista. Una buena parte de las mujeres de derechas asumen este desenfoque que se ha hecho de las ideas feministas, para defender y reclamar, que es a ellas a quienes corresponde sustituir a los hombres en esos puestos de responsabilidad para ejercer la explotación neoliberal capitalista.

Es decir, el nuevo feminismo que redescubrimos o la manipulación que se está haciendo del mismo no está atacando la raíz del problema surgido de la dinámica de la explotación neoliberal capitalista, sino, que simplemente se conforma con sustituir a los hombres por las mujeres en todos aquellos puestos de responsabilidad para la explotación, robo y expoliación capitalista. Es decir que el principal problema para esta visión del feminismo desenfocado se soluciona teniendo a muchas más Ana Patricia Botines (Banco Santander), como presidentas de las grandes corporaciones financieras, y no poner atención en el origen o la raíz de donde proviene la desigualdad de la brecha salarial y laboral.

Para esta visión desnortada de este falso feminismo que trata de arrebatar las marchas de reivindicación social en favor de los derechos de las mujeres que son los mismos que los de los hombres, o al menos así debería ser, es fundamental que los partidos políticos estén dirigidos por personas como Cristina Cifuentes, Andrea Leví, Esperanza Aguirre o Margaret Thatcher, ya que para este falso feminismo, el problema no es la existencia del sistema neoliberal capitalista, sino que las mujeres no lideren los procesos de expoliación, robo, privatización, dependencia y alienación propios de este sistema. Este desenfoque de este falso feminismo trata de dar a entender que el feminismo es hembrismo, el cual basa su ideología en el odio al hombre, en adquirir y hacer propios lo que entiende como “roles de los hombres”.

Mujer trabajadora

Señalar que la mujer trabajadora, lo es todos los días, aunque el día ocho de marzo de cada año se celebren movilizaciones sociales en las que tod@s participamos para defender los derechos y libertades de tod@s l@s ciudadan@s . Que el sistema capitalista no está por reconocer derechos y libertades que nos afectan a tod@s los ciudadan@s. Que vivimos inmers@s en un proceso de regresión de lo público y del bien común que afecta a lo social debido al olvido de la raíz del problema: la lucha de clases. Si no reivindicamos la lucha de clases NO se es Feminista, ni Carlista.






* Este artículo apareció el día 8 de Marzo pasado en la página oficial del Partido Carlista, con motivo del día Internacional de la Mujer Trabajadora. Como era de esperar que la semana pasada hubiera mucha repercusión mediática por coincidir con la fecha del ocho de marzo, nosotros reproducimos este mismo artículo esta semana donde otras noticias solaparán la magna jornada para mantener viva, en la medida de lo posible, las reivindicaciones de las mujeres y para recordar que la lucha por la justicia es cosa de todos los días y no solo de una semana.

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