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jueves, 31 de mayo de 2018

DESVERGÜENZA



 Nadie lo dice porque tal vez nadie lo ve o porque nadie lo quiere ver o, simplemente, porque a todos les da igual lo que pase, pero el reciente panorama político español se encuentra plagado de desvergüenza.

            Resulta evidente que estos últimos treinta días han sido aciagos  para el Gobierno y para el Partido que lo sustenta, el Partido Popular. En  estos últimos treinta días ha tenido que dimitir la Presidenta de la Comunidad de Madrid por haber mentido sobre su currículum académico y por haber sido descubierta mientras hurtaba en una tienda; Eduardo Zaplana, ex-presidente de la Comunidad Valenciana, la que fuera la "Comunidad Piloto" del Partido Popular, ha sido detenido por un presunto delito de blanqueo de capitales y, por si todo esto fuera poco, se ha publicado la sentencia de la pieza principal de la denominada "Trama Gürtel" que ha condenado al propio Partido Popular como partícipe a título lucrativo, valorándose en dicha sentencia que el testimonio prestado ante el Tribunal, el 26 de Julio del pasado año, por el Presidente del Gobierno y del propio Partido Popular, Mariano Rajoy Brey, era poco digno de crédito.

            Después de más de un año de sesiones de juicio en la llamada "Trama Gürtel" y de más de un centenar de testimonios prestados durante las mismas, había que estar muy desinformado o ser muy ingenuo para no sospechar que la sentencia iba a imponer penas muy duras a los principales acusados y que iba a condenar a los "partícipes a título lucrativo", entre ellos al Partido Popular. Así pues y a pesar de lo que nos pretenden contar y hacer creer, en materia de corrupción política, la sentencia de la "Trama Gürtel" no significa un antes y un después sino, todo lo más, un punto y seguido.

            Tras las últimas elecciones generales de Junio de 2016, el Partido Popular, que las gano sin alcanzar una mayoría suficiente para gobernar en solitario, acumulaba tantos casos y tantas sospechas de corrupción que si lo que de verdad se deseaba era intentar una regeneración de la política española no había que haber favorecido la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno cosa que, por activa o por pasiva, consintieron "Ciudadanos" y Coalición Canaria dando su apoyo expreso y el PSOE absteniéndose. No obstante, de aquella investidura del 31 de agosto de 2016 han transcurrido casi dos años en el que el Partido Popular no ha dejado de contar de apoyos parlamentarios para sacar adelante determinadas leyes, aprobar la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña y, fundamentalmente, sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2017 y 2018, estos últimos, sin ir más lejos, la semana pasada con el apoyo de "Ciudadanos", Foro Asturias, Unión del Pueblo Navarro (UPN), Coalición Canaria, Nueva Canarias y el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y ello a pesar de la especial cruzada que parece sostener "Ciudadanos" contra el cupo vasco y el Concierto Económico Navarro y que afecta directamente a dos "aliados" en la aprobación de los presupuestos como son el PNV y Unión del Pueblo Navarro.

            Ahora, la Sentencia de la Audiencia Nacional sobre la llamada "Trama Gürtel" sirve de justificación para que el PSOE presente una moción de censura que pone o va a poner de manifiesto la desvergüenza de los distintos partidos y de sus líderes, integrantes todos ellos de la casta política, parasitaria del erario público y destructora del país.

 Hoy, las circunstancias sobre la corrupción del Partido Popular son las mismas que en agosto de 2016, cuando el PSOE facilitó la investidura de Mariano Rajoy mediante su abstención y resulta muy poco serio que el PSOE plantee una moción de censura después de haberle facilitado la formación de gobierno y que encima la excusa de la presentación de dicha moción de censura sea la sentencia de la "Trama Gürtel" cuando el 31 agosto de 2016 ya se había publicado por todos los medios de comunicación que dicha trama comenzaría a juzgarse en la Audiencia Nacional  un mes más tarde, el 4 de Octubre de ese mismo año.

            Que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) se sume a la moción de censura propuesta por el PSOE menos de una semana después de haber dado su apoyo expreso a los Presupuestos Generales del Estado para el año 2018, a pesar de su supuesta oposición a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña y cuando la no aprobación de dichos presupuestos hubiera obligado al gobierno a disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones generales no deja de hacer dudar de sus verdaderas intenciones y motivaciones.

            Que el PSOE, después apoyar al gobierno del Partido Popular para aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña, negocie o esté dispuesto a negociar con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y PdCAT su apoyo a la moción y que estos estén dispuestos a sumarse a dicha moción al lado de "Ciudadanos", resulta de una desfachatez descarada al igual que resulta una descarada desfachatez que "Ciudadanos" esté dispuesto a votar a favor de dicha moción conjuntamente con PODEMOS, PNV, ERC y PdCAT, formaciones políticas éstas a las que desprecia y cuestiona hasta el extremo de ser una seria amenaza para el mantenimiento del Cupo Vasco y del Concierto Económico Navarro.

            La sentencia de la "Trama Gürtel" ha servido para que los pequeños se movilicen en una maniobra que; pretendiendo  "mover la silla" al Partido Popular y al Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, solo busca conseguir un lugar mejor bajo el sol y un mejor posicionamiento para sus intereses particulares en una reformulación del antiguo "quítate tu para ponerme yo", en ningún caso para cambiar nada. Ahora el Partido Popular es corrupto, cuando se le investía hace casi dos años no lo era, tampoco lo era cuando hace un mes le salpicaba el escándalo de Cristina Cifuentes y menos aún lo era la semana pasada cuando, apoyado por ciertos grupos políticos, lograba aprobar los presupuestos generales.

            La moción de censura ha revolucionado la cerrada colmena parlamentaria en lo que solo se puede calificar de carrusel de la desvergüenza, en la que cada uno busca su propio interés y ninguno el del conjunto del país.

            Por su parte, Mariano Rajoy Brey, muestra su falta de vergüenza al no haber convocado elecciones generales o dimitido en las veinticuatro horas siguientes a la sentencia de la "Trama Gürtel" porque parece ser que no se ha dado cuenta que al haber quedado como testigo sin credibilidad, no solo carece de credibilidad para el Tribunal ante el cual ha declarado, sino también para todo lo demás, es decir, en base a la fórmula de "quien no puede lo menos no puede lo más", si carece de credibilidad para ser testigo en un proceso judicial aún tiene menos para estar al frente de un gobierno y dirigir sus destinos.

            Este es el panorama en el que se pretende crear la ilusión de la posibilidad de que unos sean mejores que otros, cuando si se rasca un poco se ve que todos son iguales.

martes, 20 de junio de 2017

CONSIDERACIONES SOBRE LA MOCIÓN DE CENSURA


El brujo....

El debate de la anunciada Moción de Censura presentada por PODEMOS tuvo lugar la semana pasada con el resultado que era de esperar pues fracaso y por mucho al cosechar tan solo 82 apoyos frente a los 170 del gobierno. Y al no prosperar la Moción, los medios de comunicación afines al Partido Socialista y al Partido Popular acusan al líder de PODEMOS de irresponsable o, ingenuamente, proclaman la victoria del Presidente del Gobierno. Mariano Rajoy, lo cual no sé si acerca estos medios a las subvenciones pero lo que es seguro es que los aleja de la realidad política del país.

            Ningún jefe político que se precie formula una Moción de Censura si esta no responde a una estrategia definida o a una finalidad poderosa la cual no tiene por qué ser necesariamente la de desalojar del poder al gobierno de turno. La Moción de Censura presentada por PODEMOS sigue el modelo de aquella Moción de Censura que en los albores de la democracia, allá por 1980, presentó el entonces líder socialista, Felipe González, contra el entonces Presidente del Gobierno y líder de la Unión de Centro Democrático (UCD), Adolfo Suárez.  

            Ni la Moción de Censura de Felipe González en 1980 ni de de Pablo Iglesias en el 2017 tenían visos de prosperar dada la realidad aritmética de un parlamento que hacía imposible que los respectivos candidatos a la Presidencia del Gobierno obtuvieran la mayoría absoluta requerida para gobernar. Así pues, si en ambos casos se sabía de antemano que no se iba a producir un cambio de gobierno, ¿Por qué se insistía en una Moción de Censura condenada al fracaso?. La respuesta a esta cuestión no puede ser más sencilla: las Mociones de Censura también sirven de medio propagandístico además de aclarar el panorama político cara a unas futuras elecciones.

            Con la Moción de Censura de 1980 el Partido Socialista Obrero Español golpeaba un gobierno débil apoyado en un partido, la Unión de Centro Democrático, que estaba en franca descomposición por lo que con poco o ningún desgaste consiguió encumbrar la figura de Felipe González a la categoría de hombre de estado a la vez que conseguía agrupar el apoyo de todo el espectro parlamentario de la izquierda que, tan solo dos años más tarde, se desangraría electoralmente a favor del PSOE.

            Posiblemente, la semana pasada  PODEMOS buscaba un efecto similar al buscar claramente dos cosas: la primera relanzar a su líder, Pablo Iglesias, luciéndolo en una batalla parlamentaria contra el señor Rajoy en la que contaba con explotar ampliamente la corrupción generalizada del Partido Popular y la segunda poner al Partido Socialista en la disyuntiva de favorecer un  gobierno de cambio o permitir la continuación del gobierno del Partido Popular.

...Y los aprendices
            No obstante, aquello que consiguió el PSOE en 1980 no lo ha conseguido PODEMOS en 2017 al no haber sido consciente de las condiciones objetivas. El Partido Popular de hoy no es la UCD de 1980 porque mientras esta estaba en tal estado de descomposición que su situación interna obligaría a dimitir al Presidente del Gobierno pocos meses después de superar la Moción de Censura, el Partido Popular es un partido que se presenta públicamente como monolítico y que no tiene otro objetivo que conservar el poder cerrando filas bajo la consigna de "con razón o sin ella, siempre con el jefe que nunca se equivoca". Por otra parte, todo político sabe que los casos de corrupción terminan siempre por amortizarse políticamente con el simple transcurso del tiempo por lo que la corrupción solo tiene la posibilidad de afectar grave y definitivamente a un partido político si, con gran escándalo, estalla algún caso en plena campaña electoral. 

            Por otra parte, aunque el Partido Socialista Obrero Español se ha instalado en la misma abstención que permitió acceder al poder al Partido Popular, circunstancia esta que podría ser aprovechada (y seguro que lo será) por PODEMOS para acusarle de una supuesta defección a la izquierda, éste siempre podrá argumentar que aún no había tomado las riendas del partido la nueva directiva con su nuevo Secretario General, Pedro Sánchez, al frente por lo que la Moción de Censura no desgastara demasiado al PSOE en favor de la formación morada. 

            Finalmente la propia actuación del candidato propuesto por PODEMOS, Pablo Iglesias, se aleja mucho de la imagen que el líder del PSOE dio en 1980. Pablo Iglesias no ha salido reforzado de la Moción de Censura, incluso al recabar el apoyo exclusivamente de ERC, Bildu y Compromís (formación que, por cierto, forma parte de PODEMOS) va a permitir al Partido Popular explotar en los próximos comicios el miedo que la formación morada inspira en no pocos electores presentándose como la única alternativa de gobierno frente a una presunta situación de caos. 

            Para cualquier analista político por poco sagaz que sea, lo único que ha dejado claro la Moción de Censura de la semana pasada ha sido la caótica situación en la que se encuentra el estado el español y la total ausencia de ideas y programas de los distintos miembros de una casta política parcialmente renovada que no tiene la más mínima seriedad y altura de miras, que carece de cualquier concepto de estado y de la que se encuentra ausente toda vocación de servicio público al anteponer los intereses particulares y de partido al interés general del país.



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