CONTACTO (indicando como asunto El Chouan Ibérico): arturoen@hotmail.com

martes, 11 de diciembre de 2018

EL PARTIDO CARLISTA ANTE EL 40ª ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN DE 1978



 Los medios de comunicación de masas nos recuerdan estos días que hace cuarenta años la ciudadanía española ratificó en referéndum una Constitución. Sin embargo, salvo algunas excepciones, prefieren olvidar las carencias de aquel proceso constituyente. Las elecciones previas de 1977 no pueden ser consideradas como unas «primeras elecciones democráticas» como se suele afirmar, ya que el Gobierno postfranquista de Adolfo Suárez bloqueó la legalización de diversos partidos políticos, como fue el caso del Partido Carlista, impidiendo así su participación.

            En ese contexto de restricción gubernamental del pluralismo democrático fueron elegidas las Cortes Constituyentes que posteriormente aprobaron el texto constitucional que se sometió a referéndum. No fue precisamente la española una Transición ejemplar. No solamente fueron marginadas las voces críticas, sino que muchos luchadores pagaron su compromiso político con la vida, en Vitoria, en Montejurra, en Atocha, en los San Fermines, etc.

            Tanto en sus luces como en sus sombras la Constitución fue el resultado de una determinada correlación de fuerzas sociales y políticas en un momento histórico muy concreto. Pero lo que entonces pudo ser válido como salida del franquismo, hoy no tiene por qué serlo. Un texto constitucional que fue un paso positivo en la configuración de un marco de libertades civiles y políticas, cuarenta años después muestra cada vez más sus limitaciones. No se debería ignorar tampoco que más de un 60% de la actual población española no votó en el referéndum de 1978.

            El régimen político de la Segunda Restauración atraviesa una triple crisis económica, territorial y moral que, más allá de los diferentes gobiernos que se suceden en La Moncloa, afecta al modelo de Estado.

            Desde la Gran Recesión de la economía mundial en el año 2008, la falta de previsión de la élite política española ha dejado en una grave situación de desprotección social a muchas familias. Cuando se prioriza la economía especulativa sobre la productiva es siempre cuestión de tiempo que la burbuja acabe explotando. Cuando se aplican políticas neoliberales no solamente se precariza el empleo sino también la vida humana. Cuando servicios sociales básicos como la sanidad o la educación se convierten en mercancías no es posible cohesión social alguna como comunidad. Cuando no se ponen frenos al Libre Comercio de las grandes multinacionales, la soberanía económica de los pueblos desaparece. La crisis económica la han sufrido y siguen sufriendo las clases populares mientras aumentan las desigualdades sociales entre unos ricos cada vez más ricos y unos pobres cada vez más pobres. Solamente una Democracia Social que sitúe el Bien Común como una prioridad ineludible podrá garantizar una distribución justa de la riqueza generada en un marco de equilibrio económico. Por eso necesitamos un nuevo proceso constituyente.

            La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el “Nou Estatut” en el año 2010 abrió una crisis en la estructura territorial del Estado. El nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña había sido aprobado en el año 2006 tanto por las Cortes españolas como por la ciudadanía catalana en un referéndum. Curiosamente fue rechazado desde posiciones igualmente extremistas por Esquerra Republicana y por el Partido Popular. Pero cuando el Tribunal Constitucional declaró que el Estatuto era incompatible con la legalidad, algo se rompió en Cataluña. La dinámica iniciada entonces de progresivo enfrentamiento entre el Poder Central y una parte de la sociedad catalana es imposible de resolver en el marco de la Constitución de 1978. Además tampoco debemos olvidar que existen otras comunidades históricas que también plantean reivindicaciones nacionales más allá de los límites del constitucionalismo vigente. Ante la crisis territorial nadie aporta una solución verdaderamente integradora, pues la propuesta de una reforma constitucional orientada a un pseudo-federalismo asimétrico no es más que un nuevo parche “descentralizador” para esquivar el problema real de la falta de soberanía de las diferentes nacionalidades que integran el Estado español. Solamente una Democracia Federal puede garantizar la unión de los pueblos de las Españas desde el reconocimiento de la personalidad singular de cada uno de ellos. Por eso necesitamos un nuevo proceso constituyente.

            Los partidos políticos, que deberían ser cauce de la participación ciudadana, han terminado constituyendo una casta burocrática al servicio exclusivo de sus propios intereses. El año 2011 puso de relieve el divorcio existente entre las élites políticas y las nuevas generaciones. Por un lado se produjo la explosión social del 15-M en la calle. “No nos representan” proclamaba una juventud indignada con el bipartidismo neoliberal. Por otro lado, el Partido Popular y el PSOE se pusieron de acuerdo para reformar el artículo 135 en muy poco tiempo. Durante años habían insistido en que la Constitución era prácticamente intocable, que únicamente podría ser reformada en el hipotético caso de un amplio consenso. Pero cuando decidieron que había llegado el momento la reformaron sin ningún tipo de debate social ni de consulta ciudadana. Durante los siguientes años hemos visto cómo los casos de corrupción se multiplicaban. Y hasta las más altas instituciones públicas se han visto afectadas por el escándalo. Como consecuencia de tanto caciquismo y de tanta arbitrariedad han emergido nuevos partidos políticos. Pero no es un simple cambio de siglas lo que necesita la sociedad española, sino de estructuras de control popular que pongan fin a toda forma de partitocracia. En la antigua Monarquía Foral existían dos mecanismos muy tradicionales, el mandato imperativo y el juicio de residencia, que obligaban a los representantes políticos a cumplir la voluntad del pueblo representado y a rendir cuentas de su gestión. Sin embargo la Constitución de 1978 no solamente no contempla el juicio de residencia sino que prohíbe explícitamente el mandato imperativo. De esta manera la soberanía popular sigue secuestrada por la partitocracia con independencia de quien gobierne. Para lograr una auténtica participación ciudadana, urge restablecer y actualizar el mandato imperativo y el juicio de residencia. Por eso necesitamos un nuevo proceso constituyente.

            El agotamiento del triple pacto político, autonómico y social que hizo posible la Constitución de 1978 es una realidad evidente para todos. Ya nadie plantea que las cosas puedan seguir como estaban. De hecho las falsas soluciones “asistencialistas” y “recentralizadoras” de una derecha neoliberal que pretende terminar de desmontar el Estado de Bienestar así como revertir el Estado de las Autonomías suponen un peligro que no puede ser ignorado.

            La cuestión es cómo va a resolverse la salida a esta triple crisis. Si a través de una reforma constitucional pactada entre las élites partitocráticas o mediante un proceso constituyente que abra la puerta a una nueva democracia. Ese es el debate de nuestro tiempo, ante el cual los carlistas no debemos faltar a nuestra cita con la Historia.

            El Carlismo, más allá de sus múltiples y diferentes formulaciones históricas, ha sido siempre un movimiento político que busca el protagonismo del Pueblo de abajo a arriba. Conviene recordarlo porque fuera de ese marco político no hay Carlismo. Únicamente folclore.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

COMUNICADO DE LA ASOCACIÓN 16 DE ABRIL ANTE LA BRUTAL AGRESIÓN A UN JOVEN CARLISTA EN VITORIA

  
         La Asociación carlista 16 de abril expresa su más enérgica y rotunda condena por la brutal agresión sufrida, por un joven estudiante carlista de 19 años, en el campus de Gasteiz-Vitoria de la UPV el pasado viernes, a manos de un grupo de encapuchados. A consecuencia de la paliza recibida el joven agredido ha sido intervenido quirúrgicamente por la graves lesiones sufridas y se encuentra hospitalizado.

            Nuestro compañero, como militante carlista, es defensor de la convivencia y del pluralismo democrático y propugna una vía federalista que respete la pluralidad lingüística, cultural y política de los diversos pueblos de las Españas, de acuerdo con nuestras tradiciones forales.

            Desde la Asociación 16 de abril hacemos un llamamiento a la reflexión de todos los dirigentes políticos, cualquiera que sea su posicionamiento ideológico, para relajar y pacificar la escalada de tensión que, dentro y fuera de las instituciones, está soportando la sociedad española. Asimismo, apelamos a la conciencia y al sentido común de la ciudadanía para huir de todo extremismo y evitar una ruptura de la convivencia. Los conflictos políticos deben solucionarse desde el diálogo, el debate y el pacto social. Rechazando y aislando cualquier atisbo de totalitarismo.

            Expresamos públicamente nuestra solidaridad con el joven carlista y le deseamos una pronta y rápida recuperación.

martes, 4 de diciembre de 2018

LAS ENSEÑANZAS DE ANDALUCÍA



 Planteadas como el primer test político que iban a pasar el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el Partido Popular (PP) e incluso el país entero, tras la moción de censura del mes de mayo pasado, han tenido lugar las elecciones autonómicas andaluzas el domingo 2 de diciembre de 2018 con los resultados de todos ya conocidos.

            Evidentemente, y así se ocupan los medios de comunicación de difundirlo, junto con la pérdida de cuatrocientos mil votos por parte del PSOE y trescientos mil por parte de PODEMOS, lo más llamativo de los resultados es el ascenso del partido que lidera Santiago Abascal, VOX, que ha pasado de tener unos cien mil votos en toda España en las elecciones europeas de 2015 a llegar a casi cuatrocientos mil tan solo en Andalucía con los que iguala los obtenidos en todas las circunscripciones por la coalición de extrema derecha Unión Nacional en las elecciones generales de 1979 y que llevaron al Parlamento a su líder Blas Piñar.

            La sorpresa dada por VOX no es diferente a la que dio PODEMOS en las Elecciones Europeas de 2014 por lo siguiente: en el primer caso se trata de un partido extraparlamentario que desde su fundación con ocasión de las Elecciones Europeas de 2014 ha sido extraparlamentario y no había hecho nada más que perder votos en todos los comicios convocados hasta ahora mientras que PODEMOS era un grupo de profesores universitarios erigidos en verdadera "intelligetsia" de la izquierda parlamentaria que un día montaron una candidatura para presentarse a las Elecciones Europeas de 2014. En ambos casos la atención mediática prestada a estas formaciones antes de constituirse en fuerzas con representación parlamentaria (a PODEMOS durante los años 2013 y 2014 y a VOX en el último año), no parece justificada máxime cuando en nuestro país existen decenas de fuerzas políticas extraparlamentarias que no reciben tal atención. Algunos intentarán explicar dicha repercusión mediática en que determinadas encuestas arrojaban el hecho de que estas fuerzas se convertirían en parlamentarias, pero lo cierto es que en los últimos años estas mismas encuestas vienen hablando de la posible entrada en el parlamento del partido animalista PACMA  y dicha fuerza política no ha tenido jamás la atención de los medios de comunicación que estos dispensaron a PODEMOS en su momento y a VOX en los últimos meses.

            Por otro lado, PODEMOS y VOX, VOX y PODEMOS, aunque no se quiera reconocer, no son más que la distinta cara de una misma moneda. Sus respectivos líderes son personas que ostentaron cargos de responsabilidad  media y alta en las estructuras de los partidos con representación institucional, en Izquierda Unida en el caso de PODEMOS y en el Partido Popular en el caso de  VOX, que al verse o sentirse marginados o que se les cerraba la puerta a ascensos en el seno de la estructura de la que formaban parte rompieron con la misma justificando dicha ruptura en que, más o menos, tras muchos años de militancia y servicio habían descubierto (¡Oh, cielos!, ¡Qué escándalo!) que unos "traicionaban a la clase obrera" y otros "traicionaban a la patria", aunque curiosamente tal descubrimiento siempre tuvo lugar después de que sus respectivas promociones internas en las estructuras políticas de las que formaban parte se vieran frustradas.  

          Habrá quien diga que tanto VOX como PODEMOS, responden a una radicalización de la sociedad, pero en realidad dicha radicalización es artificial y viene promovida desde arriba, desde el poder, por una serie de políticos irresponsables. Mientras que en Europa la radicalización surge en la base social y va creciendo hasta que adquiere la necesidad de organizarse en una fuerza política que actúe políticamente en las instituciones; en España surge primero el embrión de la organización, luego el discurso político y, finalmente, el poder político y los medios de comunicación ya se encargarán de llenarles de votos y de afiliados. Así, resulta muy curioso que VOX haya obtenido tantos votos apelando, entre otras cosas, al rechazo a la inmigración cuando hace tan solo un año no había en la sociedad española una preocupación grande por el hecho migratorio y cuando hace unos pocos días hemos asistido a masivas movilizaciones en favor del buque pesquero que había recogido a doce inmigrantes que naufragaron en el Mediterráneo.

 El daño que PODEMOS y VOX puedan hacer a los partidos neodinásticos de "La Restauración" de 1975, PSOE Y PP, ya ha sido descontado y asumido por éstos quienes estiman, posiblemente con mucha razón, que los apoyos electorales que ahora y durante los próximos años puedan perder a favor de estos partidos terminarán retornando en gran medida a ellos.  A este respecto es de señalar dos cosas:

            En primer lugar, PODEMOS que entró  en la política española muy fuerte en 2014 diciendo aquello, que muchos recordarán, de que "eran los de abajo que venían a por los de arriba", que "eran lo nuevo contra lo viejo" y  posicionándose "contra la casta"; después de su éxito electoral en las Elecciones Europeas de 2014 y en las generales de 2015 y 2016, sus dirigentes se han integrado en la "casta" con la que, no nos engañemos, se encuentran perfectamente identificados y políticamente se han convertido, como poco, en la muleta del PSOE, partido que fue calificado por el líder de PODEMOS, Pablo Iglesias, como el  "partido de la cal"; con lo que no hace falta ser muy inteligente para ver, o al menos sospechar, que lo que han vendido a su electorado es puro humo, lo que justificaría la pérdida de casi trescientos mil votos en las elecciones autonómicas andaluzas en el desencanto de sus votantes.

            Por otro lado, VOX  ha entrado igualmente con fuerza en el panorama político español con doce diputados en el Parlamento Autonómico Andaluz, afirmando que es un partido que está contra la "derechita cobarde", que no debe ser  otra  que aquella que representa el Partido Popular, ignorando el hecho de que muchos de sus dirigentes formaron parte de esa "derechita cobarde" hasta que perdieron la oportunidad de escalar puestos en la jerarquía estructural de la misma y que están a favor de la supresión de las autonomías ocultando igualmente el hecho de que llevar a cabo tal supresión es imposible porque jamás lograrán tener los apoyos parlamentarios necesarios para reformar la Constitución en tal sentido.

            En definitiva, como saben y son conscientes los partidos neodinásticos, PP y PSOE, y tal vez alguna institución secreta del propio estado;  VOX y PODEMOS están condenados a contrarrestarse recíprocamente, a defraudar y desilusionar a sus respectivos votantes quienes terminarán volviendo a poner sus esperanzas en los partidos mayoritarios (PSOE o PP) o yéndose en silencio a la intimidad de sus hogares desmovilizados políticamente por varias décadas y, sobre todo, a impedir cualquier debate serio sobre una reforma constitucional o proceso constituyente porque cuando uno pretendiera atacar el Título II de la Constitución referente a la Corona y otro el Título VIII referente a las autonomías el debate sobre la reforma constitucional sería, simple y llanamente, inviable y un proceso constituyente fuertemente desaconsejable.

            PODEMOS y VOX, VOX Y PODEMOS, han venido, consciente o inconscientemente, a salvar el régimen del 78 al suponer el "peligroso radicalismo" imprescindible para que los ciudadanos de a pié vean en los corruptos y partidos tradicionales la moderación y la concordia.

martes, 27 de noviembre de 2018

A VUELTAS CON GIBRALTAR


Et in Arcadia Ego

 Como una serpiente de verano o como un entretenimiento para bobos, de vez en cuando, reaparece en la escena política española la cuestión del  Peñón de Gibraltar. Esta vez, la excusa ha sido la discusión del acuerdo del Brexit entre la Gran Bretaña y la Unión Europea donde el Reino Unido ha defendido, como es lógico, sus derechos en detrimento de los derechos españoles, los cuales solo han sido débil y tímidamente sostenidos por el actual gobierno que preside Pedro Sánchez, aunque en su descargo siempre se puede decir que el actual problema con Gibraltar viene de la política heredada de los anteriores gobiernos socialistas y populares que se han sucedido en nuestro país desde 1982.

            Con la negociación del Brexit, nuestro país ha perdido una oportunidad de oro para hacerse valer en Europa. Cuando España se incorporó en 1986  a la entonces Comunidad Económica Europea lo hizo claudicando ante una serie de exigencias europeas, que entre otras incluían el desmantelamiento de nuestra infraestructura industrial, el desmantelamiento de nuestra agricultura y la apertura de la verja de Gibraltar; uniéndose, junto con Grecia y Portugal, a una organización supranacional que tenía otros seis miembros entre los que se encontraba el Reino Unido de la Gran Bretaña. Con el tiempo la Comunidad Económica Europea se convirtió en la Unión Europea al ampliarse sucesivamente con estados miembros tras unas arduas negociaciones que suponían modificaciones sustanciales en el título constitutivo de la Comunidad Europea y que implicaban cesiones por parte de España, la cual veía reducirse hasta desaparecer los llamados "fondos de cohesión" que recibía en favor de las nuevas potencias incorporadas.

            Pues, bien, si la incorporación de nuevos estados miembros en la Unión Europea supone cambios en el título constitutivo de la misma, evidentemente la salida de uno de sus miembros, uno tan importante como la Gran Bretaña, también supone un cambio sustancial en ese título constitutivo por lo que, al cambiarse las reglas del juego en el concierto de la Unión Europea, nuestro país podía y debía haber planteado condiciones que nos fueran favorables tales como la condonación total o parcial de nuestra deuda externa con los estados miembros de la Unión Europea, retorno de parte de los "fondos de cohesión", eliminación de las condiciones restrictivas impuestas a España y por las que anualmente nos condenan a pagar unas sanciones que nuestro gobierno ya considera simples tasas y, por supuesto, dejar claro que en el tema de Gibraltar solo caben unas relaciones puramente bilaterales entre España y la Gran Bretaña que, dentro del marco legal que marca el Tratado de Utrecht y las Resoluciones de la ONU sobre la roca, solo pueden concluir con la restitución plena de la soberanía española sobre el Peñón y el istmo de Gibraltar.

            Lejos de una enérgica actuación, el gobierno del Partido Socialista empezó demostrando una total pasividad e indiferencia ante la cuestión del "Brexit" marchándose su presidente, Pedro Sánchez, de caribeña excursión a La Habana mientras que en las instituciones europeas se planteaba la discusión final del mismo para darse cuenta tarde que, hábilmente, Inglaterra intentaba establecer jurídicamente, mediante el tratado por el que se consuma su salida de la Unión Europea, que la cuestión de Gibraltar pasaría a ser una cuestión bilateral entre el Reino Unido y la Unión Europea y no entre el Reino Unido y España, lo que suponía y supone de facto una cesión por parte de España de la soberanía o, al menos, de la reclamación de la soberanía sobre Gibraltar, a la Unión Europea.

Lamentable, patetico, penoso y triste triunfo diplomático
 La reacción ante tal ninguneo a España por parte de la Gran Bretaña y de la Unión Europea ha sido tardía y débil, muy débil. El gobierno debería haber vetado el acuerdo del Brexit hasta que las exigencias españolas hubieran sido total o ampliamente satisfechas. Lejos de eso, el gobierno no ha planteado en tiempo y forma reivindicación alguna y se ha conformado con una carta que a modo de "adenda" o "codicilo" se incorpora al tratado y que, sin carácter jurídico realmente vinculante, no es más que una vaga promesa o declaración de principios que tan solo permite maniobrar al Presidente del Gobierno español para presentarse ante los medios de comunicación españoles como un gran estadista que ha conseguido un gran acuerdo.

            En realidad, el supuesto acuerdo alcanzado no supone ningún éxito de la diplomacia española, más bien al contrario supone un rotundo fracaso. Es de recordar que en la tradición diplomática británica estos "acuerdos verbales" y "cartas" o "acuerdos privados" no valen ni el papel en los que están escritos. Es de recordar que hace ciento cuatro años, en 1914, Gran Bretaña había prometido a Francia verbalmente y por un acuerdo privado que, en caso de guerra con Alemania, ésta podía enviar su flota al Mediterráneo porque la Armada Británica protegería los puertos atlánticos franceses y que en agosto de ese año de 1914, cuando Francia requirió a la Gran Bretaña para cumplir su compromiso ésta se intentó escaquear del mismo y solo se vio obligada a cumplirlo cuando el Imperio Alemán invadió masivamente la neutral Bélgica y es de subrayar lo de masivamente porque incluso el Reino Unido habría aceptado sin inmutarse una violación mínima de la neutralidad belga por parte de Alemania a pesar de ser una de las potencias garantes de dicha neutralidad. Igualmente, hay que recordar el incumplimiento británico en marzo de 1939 de las garantías ofrecidas a Checoslovaquia en octubre de 1938 abandonándola a su suerte ante la agresión nazi.

            Pedro Sánchez es tan libre en creer en la solidez y validez de la misiva remitida por la Primera Ministra Británica, Theresa May, como de creer en Papal Nöel pero tales creencias nos permiten dudar fundadamente de su capacidad para gobernar el país y de que no lo haya traicionado. La posición del Presidente del Gobierno español ante el supuesto acuerdo logrado en la discusión del Brexit es tan lamentable, patética, penosa  y triste como la de Chamberlaín cuando, tras los Acuerdos de Munich de 1938, aterrizó en Londres ondeando al viento un papelito y diciendo aquello de "paz para nuestro tiempo".

martes, 20 de noviembre de 2018

CONMEMORACIÓN DE LA TRAGEDIA O CELEBRACIÓN DE LA VICTORIA



 El domingo 11 de Noviembre de 2018, a las 11.00 horas de su mañana, se cumplió el primer centenario de la firma del armisticio que acabó con aquella carnicería humana en el Frente Occidental que supuso la Gran Guerra, la cual no se convirtió en la I Guerra Mundial hasta que, veinte años después, estallase la II Guerra Mundial.

            Como no podía ser de otra forma las antiguas potencias beligerantes en aquel conflicto planificaron a lo grande su conmemoración, la cual sutilmente tenía más de hipócrita y sutil celebración de una victoria que de una triste conmemoración de algo que pudo y debió ser evitado a pesar de que, siendo realistas, todos los actos supusieron "la flor de un día" por la poca repercusión social que tuvieron. En este sentido se puede afirmar con poco peligro a equivocarse que la conmemoración del primer centenario del final de la Gran Guerra ha sido tan ignorado, al en España, como la conmemoración, el año pasado, de la Revolución Rusa, todo lo cual contrasta con pasadas conmemoraciones históricas como la del bicentenario de la Revolución Francesa o el cincuenta aniversario del Desembarco de Normandía o del Final de la II Guerra Mundial que tuvieron notoria repercusión informativa durante días.

            Se quiso presentar la conmemoración del primer centenario del armisticio de 1918, como un momento en que las diferencias europeas que habían dado lugar al conflicto bélico habían quedado totalmente superadas y en el que, desde hace tiempo, las potencias mundiales han emprendido un acercamiento y una política de distensión que hará imposible que hechos similares vuelvan a repetirse. No obstante hubo gestos sutiles que demuestran que tal conmemoración no fue así.

            En primer lugar destaca  la ausencia en los actos centrales que tuvieron lugar en Paris, el 11 de noviembre pasado, de las más altas personalidades del Reino Unido que prefirieron homenajear a sus caídos en la Gran Guerra en Londres con actos pura y propiamente británicos.

            En segundo lugar, la conmemoración fue más bien una celebración francesa, muy francesa, tal y  como lo fue la redacción de los tratados de paz de Versalles en 1919. A pesar de la intencionalidad manifestada, todos los actos de Paris dejaban entrever claramente que Francia, la misma Francia que se consideró victoriosa en la I Guerra Mundial y que impuso sus criterios en unos tratados de paz que luego provocarían la II Guerra Mundial y otros múltiples conflictos algunos de los cuales permanecen activos hoy en día, quería dejar patente que había sido la vencedora.

 Por otro lado, la visita de Macron, actual Presidente de la República Francesa, junto con la Canciller Alemana, Ángela Merkel, al famoso y reconstruido vagón del Mariscal Foch en el bosque de Compiègne, lugar donde se firmo el armisticio en 1918, no dejó de tener un punto de morbosidad porque en una situación de supuesta superación del conflicto volver allí con el representante de una potencia perdedora para conmemorar el armisticio es como hacer pasar a los alemanes por una especie de "Horcas Caudinas". No obstante es muy posible que, en ese momento y en ese lugar, lo que Ángela Merkel tuviera muy presente en su fuero interno fuera otro armisticio: el que tuvo lugar en el mismo vagón y en el mismo bosque de Compègne en Junio de 1940.

            Finalmente, la elección del lugar para la celebración de los actos centrales de la conmemoración no pudo ser más desafortunada si realmente se hubiera querido escenificar una reconciliación y una superación del centenario conflicto. El lugar elegido fue Paris y concretamente el Arco del Triunfo (en cuya piedra están grabadas todas las victorias napoleónicas y algunos de sus crímenes),  justamente los lugares donde hace cien años se celebró la victoria sobre los Imperios Centrales y donde hace noventa y nueve años (en 1919) tuvo lugar el gran desfile de la victoria.

            En realidad, la conmemoración del primer centenario del armisticio de 1918 no ha sido una conmemoración sino una celebración de aniversario de la victoria de las potencias de la Entente sobre los Imperios Centrales para mayor gloria de Francia y de sus dirigentes actuales. Si en realidad se hubiera querido conmemorar el fin de la carnicería de 1914 a 1918 con ánimo de reconciliación ¿Por qué no elegir como lugar de celebración la capital Belga, el país que mayor destrucción sufrió durante el conflicto?, o mejor aún, ¿Por qué no haber planeado los actos centrales de la conmemoración en la capital Alemana lo que hubiera sido un verdadero gesto de superación, olvido y derogación de aquella cláusula de culpabilidad en el inicio de la guerra que se impuso a Alemania por los tratados de paz de 1919?.

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