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viernes, 29 de noviembre de 2013

“MANUAL DE SOCIALISMO Y CAPITALISMO PARA MUJERES INTELIGENTES” de George Bernard Shaw

La producción literaria y dramática de George Bernard Shaw (1856-1950) es de sobra conocida por todos los lectores especialmente por aquellos que, repartiendo su amor entre la literatura y el cine, disfrutaron con la magnífica interpretación de Leslie Howard como el profesor Higgins en la película “Pigmalión” (1938) o de la música y canciones de su versión musical “My Fair Lady” (1964). No obstante, la faceta de crítico social y político de Bernard Shaw es mucho menos conocida por el gran público a pesar de haber pertenecido a la “Sociedad Fabiana” y de haber colaborado en la redacción de diversos folletos de índole socialista publicados por esta entidad británica.

            Fruto precisamente de esta pertenencia a la “Sociedad Fabiana” es la redacción de su voluminoso “Manual de Socialismo y Capitalismo para Mujeres Inteligentes” (1928) publicado recientemente en nuestro país por la editorial RBA y en el que Bernard Shaw desmenuza y explica a la perfección el funcionamiento del capitalismo contemporáneo descubriendo sus trucos, métodos, medios y falsedades. De hecho “Manual de Socialismo y Capitalismo para Mujeres Inteligentes” es un tratado de economía política altamente esclarecedor para todos aquellos que carecen de los más mínimos conocimientos para comprender el funcionamiento de la pluralidad de actividades que integran la macroeconomía capitalista (economía financiera, sociedades anónimas, accionariado, importación y exportación…).

            Por otra parte, “Manual de Socialismo y Capitalismo para Mujeres Inteligentes” no solo se limita a explicar el funcionamiento pormenorizado del capitalismo al que llega a calificar de “caballo desbocado” sino que también intenta difundir las posibles bonanzas del socialismo, aunque por socialismo no debemos entender ni el socialismo utópico de un Fourier ni el socialismo científico de los marxistas, sino el peculiar socialismo Fabiano que al mismo tiempo pretende ser práctico y mantenerse alejado de toda intención revolucionaria. Si bien Bernard Shaw justifica el socialismo como un medio para lograr un objetivo último que es la igualdad en la renta, no se aparta ni un ápice de los propósitos de la “Sociedad Fabiana” que son avanzar en la aplicación de los principios socialistas mediante reformas graduales, es decir, el autor sostiene en su obra “Manual de Socialismo y Capitalismo para Mujeres Inteligentes” que la forma correcta de acabar con la propiedad privada y nacionalizar las empresas y servicios no es ni mediante la revolución violenta ni la expropiación sin compensación, sino mediante una política de aumento gradual de los impuestos que hará que la propiedad privada vaya pasando de las manos de los particulares a las del estado.

            En este sentido Bernard Shaw, se adelanta en el análisis de numerosas cuestiones que hoy en día se están produciendo en nuestro país tales como el llamado caso de las “preferentes” o el llamado “rescate bancario” sobre el cual viene a sostener, no sin falta de razón, que cualquier subvención o ayuda que se de por parte del estado a una empresa privada para sortear una situación crítica debe recibir como contrapartida un número apropiado de acciones de dicha empresa, lo que en la práctica supone una nacionalización total o parcial de la misma dependiendo del porcentaje de acciones que pasen a propiedad del estado.  

            Si “Crítica de la Economía Política” (obra fundamentalmente conocida por “El Capital”) de Marx es una obra científica de alto nivel que ha necesitado a lo largo del tiempo numerosos trabajos de exégesis para hacerlo llegar a la mayoría de la población, “Manual de Socialismo y Capitalismo para Mujeres Inteligentes” es una obra clara en la que George Bernard Shaw consigue, con numerosos ejemplos y aclaraciones, hacer comprensibles todos los arcanos de la economía moderna a la inmensa mayoría. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

COINCIDENCIAS Y DIFERENCIAS ENTRE NEOLIBERALISMO Y ANARQUISMO

Tras leer el ensayo de Proudhon titulado “El Principio Federativo” en el que este autor anarquista critica al estado por su intromisión en la sociedad y su intervencionismo económico a través de los impuestos abogando, no por su clara y rotunda desaparición, sino por contrarrestar su poder e influencia mediante la federación de entidades obreras y territoriales que asuman buena parte de la protección social no se puede menos que encontrar notorias coincidencias entre las propuestas anarquistas y el moderno Neoliberalismo.

Si el Anarquismo supone la exaltación de la libertad individual, la eliminación total de todo estado y autoridad externa al individuo y la sustitución de las leyes por unos supuestos códigos éticos de conducta, el Neoliberalismo es una moderna corriente de pensamiento económico y político que defiende el libre mercado, las privatizaciones y la desregularización progresiva de todos los ámbitos de la economía reduciendo al estado al mínimo suficiente para mantener la paz interna mediante la beneficencia pública y los medios de coacción policial.

Para el Neoliberalismo todo aquello que es susceptible de explotación económica y de actividad mercantil lucrativa debería ser permitido por el estado y no estar sometido a fiscalidad ni regulación alguna. Partiendo de esta filosofía, llama poderosamente la atención que para los Neoliberales no sea objetivo, a corto o medio plazo, la legalización de actividades económicas tan lucrativas como ética y moralmente rechazables como el tráfico de drogas, la prostitución o el tráfico de armas aunque sobre la legalización de alguna de estas actividades ya se esta abriendo un importante debate en numerosas sociedades occidentales. Los Neoliberales profesan una, no declarada, ética individualista de exaltación del ego, es decir una ética egoísta, de ahí que necesiten la existencia de un estado residual capaz de defenderles de las reacciones adversas de las personas a las que perjudican con sus decisiones económicas e impedir que otros individuos se eleven de la nada alcanzando relevancia económica y política porque el aumento de la cúspide de la pirámide social implicaría mas competencia en la explotación de los recursos y menos ganancia, de ahí tal vez derive el hecho de que los neoliberales, tan amigos de la total liberación de los mercados, se resistan a liberalizar, legalizándolos, comercios hoy prohibidos y perseguidos.

Otra coincidencia entre el ideario anarquista y el Neoliberalismo se encuentra en materia de protección social. Mientras que los anarquistas pretenden que coberturas sociales como el paro obrero, las pensiones de jubilación, la sanidad etc… sean prestadas por instituciones gratuitas de ayuda mutua cuya financiación se gestionaría a través de una especie ideal de economía de trueque, los neoliberales opinan que, al ser todas estas coberturas sociales susceptibles de explotación económica y de generar beneficios, deben ser privatizadas, gestionadas por empresas mercantiles y financiadas mediante aportaciones económicas periódicas voluntarias o no. De esta forma el Neoliberalismo elimina del estado una de sus funciones fundamentales cual es la protección social dejando de tener sentido el pago de impuestos por este concepto aunque, para evitar descontentos crecientes entre la población, se prevé que el estado siga prestando una pequeña protección social a través de instituciones de beneficencia pública (subsidios de caridad, hospitales de beneficencia, etc…).

Los neoliberales desean la progresiva reducción del estado al mínimo (Minarquismo) privatizando y dejando al albur de las leyes naturales del mercado todos los servicios públicos con la doble finalidad de entrar a explotar económicamente esos servicios obteniendo beneficios con ello y que la presión fiscal disminuya al máximo pagándose al estado residual una pequeña cantidad al año en concepto de impuestos suficiente para mantener las fuerzas del orden y las instituciones de beneficencia. Curiosamente, al sostenimiento de esas fuerzas del orden contribuirían todos los ciudadanos pero solo unos pocos, la cúspide de la pirámide de la sociedad neoliberal, se beneficiarían de sus servicios al tener como fin fundamental reprimir las reacciones contrarias a la economía y a la política neoliberal.

Estas similitudes entre el ideario anarquista de supresión total del estado y la idea neoliberal de reducirlo al mínimo han dado lugar a la aparición de otra nueva corriente dentro del Neoliberalismo denominada Anarcocapitalismo que, igual que los anarquistas, pretende la total desaparición del estado pero dejando toda regularización de la vida a la ley de la oferta y de la demanda y garantizando la libertad individual mediante la propiedad privada de los bienes de producción. Curiosamente los anarcocapitalistas, más coherentes que los neoliberales, desean que las fuerzas de orden público sean gestionadas por empresas privadas lo cual evidentemente es una contradicción con el Anarquismo clásico el cual rechaza toda existencia de fuerzas y medios de represión.

El Anarquismo clásico, ideario que puede ser discutible pero digno del más alto de los respetos, tal vez pretende la realización de un sueño imposible en el que el hombre sea totalmente libre y en la sociedad no exista la más mínima de las injusticias, pero el Neoliberalismo es un ideario que, a pesar de sus pretensiones manifiestas, conduce a una sociedad a ser gobernada por la “Ley de la Selva” con el elemento corrector de la existencia de un estado residual que impida la renovación de las oligarquías económicas mediante el triunfo del más fuerte. Por su parte el Anarcocapitalismo, que guarda muchas semejanzas también con las ideas del movimiento miliciano norteamericano, conduce directamente y sin paliativos a la pura “Ley de la Selva” con el elemento distorsionador, que no corrector, de la existencia de unas fuerzas represivas privadas que aseguren que el más fuerte lo siga siendo eternamente. En la “Ley de la Selva” neoliberal el elemento corrector impide que el debilitamiento de la oligarquía económica deje paso a su sustitución por la aparición de otros individuos más fuertes mientras que en la “Ley de la Selva” de los anarcocapitalistas se asegura que la oligarquía económica no deje jamás de ser la más fuerte.

Con el argumento de la libertad individual, Neoliberalismo y Anarcocapitalismo, conducen al desamparo de las más amplias mayorías y a regímenes donde los derechos y las libertades son directamente proporcionales al poder económico que se posee, por lo que hay que estar muy alerta no dejándose engañar con sus promesas de felicidad y su apariencia progresista. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA REGENERACIÓN DE UN PARTIDO POLÍTICO


A finales de la semana pasada saltó a los medios de comunicación la noticia de que diversas personalidades del mundo cultural y social de nuestro país entre los que destacaban el ex juez don Baltasar Garzón, el Rector de la Universidad Complutense de Madrid, don José Carrillo, y doña Pilar del Río, viuda del Premio Nobel de literatura don José Saramago, habían firmado una carta colectiva ante la próxima conferencia política del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ofreciéndose a dicho partido para regenerarlo y presentar una opción política capaz de derrotar al Partido Popular en las próximas elecciones generales.

            El hecho mismo de que el PSOE, que ha sido el partido político que más tiempo ha gobernado España desde las elecciones de 1977, necesite realizar una conferencia política o un congreso ordinario o extraordinario con la exclusiva finalidad de ver qué puede ofrecer al pueblo español para poder elaborar un programa creíble a fin de que sea mayoritariamente votado en las próximas elecciones pone de manifiesto que es un partido político en tal fase de degeneración que debería concluir no con su regeneración, que como expondremos más adelante, es imposible, sino con su desaparición.

            Normalmente una pluralidad de individuos que tienen vocación política y de servicio público y que profesan ideas iguales o semejantes suelen agruparse y constituir un partido político para difundir sus ideas y lograr el máximo apoyo posible del cuerpo electoral con el que alcanzar el poder y realizar sus ideas y proyectos. Ahora bien, cualquier partido político que concurre a numerosas elecciones y no consigue representación parlamentaria alguna puede subsistir eternamente como un partido minoritario y extraparlamentario perseverando dignamente en sus ideas, haciendo campañas de proselitismo dentro de sus limitadas posibilidades y manteniendo la unidad de sus miembros. Aunque la lógica nos indique que un partido de estas características debe desaparecer, máxime si consideramos que sufre una constante sangría de cuadros y de militantes que, por pragmatismo o por oportunismo, se recolocan en los partidos parlamentarios mayoritarios, lo cierto es que su constante crisis se debe exclusivamente a su extraparlamentarismo y este a su vez puede ser debido a numerosísimas causas la mayoría de ellas exógenas: medios propagandísticos exiguos, imposibilidad de hacerse oír ante los mensajes de los grandes partidos mediáticos, falta de asesores que proyecten una imagen atrayente para los electores, errores puntuales que se pueden cometer en las campañas electorales, desconexión con los problemas reales del país, etc. Así pues, un partido extraparlamentario que siempre está en crisis puede salir de ésta convirtiéndose en parlamentario y, por tanto, es susceptible de ser regenerado en cuanto disponga de unos líderes que lleven una adecuada gestión interna, reorganicen las estructuras del partido, reconduzcan al mismo a conectar con la realidad social y ofrezcan unas ideas y propuestas factibles de realización. A fin de cuentas, a un partido extraparlamentario que lleva en esa situación décadas se le podrá acusar de muchas cosas pero jamás de haber perdido la confianza de sus electores a causa de haber metido la mano en el erario público, haber arruinado al país o de haber elevado el interés particular de sus miembros a condición de causa política nacional. 
           
A sensu contrario, cuando un partido, que goza de tal apoyo electoral que le permite acceder al gobierno del país, pierde el poder a favor de otro partido parlamentario que le ha superado en número de votos ello puede deberse, en primer lugar, al normal desgaste que se produce en todo gobierno y cuyo fruto es la característica alternancia política de las democracias occidentales o, en segundo lugar, a que su gestión al frente del gobierno ha sido tan gravemente corrupta, nefasta y desastrosa que, ocasionando la ruina moral y/o material de millones de ciudadanos, debe congratularse de haber perdido unas elecciones en vez de haber sido arrojado del poder por un tsunami de indignación ciudadana. A este respecto es imprescindible precisar que para incurrir en una gestión pésima o corrupta no es imprescindible formar gobierno o ser el partido mayoritario en el parlamento sino que basta con, siendo un partido parlamentario minoritario, apoyar de cualquier manera, ya sea por acción u omisión, a los respectivos partidos políticos que lo forman en cualquier ámbito de las administraciones públicas sean estas locales, autonómicas o estatales. Igualmente, cuando un partido político que ha estado un tiempo prolongado en el gobierno pierde constante y sucesivamente apoyo electoral ello se debe siempre y fundamentalmente a causas endógenas que no tienen ni solución ni posibilidad de revertirse porque esa situación no es atribuible a una sola persona o circunstancia sino que es la manifestación de un fallo multiorgánico de todas las estructuras del partido. A una situación así se llega porque el liderazgo incurre en el error de no haber sabido elegir adecuadamente al equipo que desempeñó las tareas de gobierno, porque los cuadros intermedios están más preocupados en “adular al jefe” para seguir saliendo en la foto o en “moverle la silla” para sentarse ellos que en auxiliarle, porque las ideas fundamentales del partido se confunden y se diluyen inspirando unos programas que muestran la total ausencia de un saber querer y porque, finalmente, la militancia de base, al igual que los espectadores del circo romano, está más dispuesta a levantar el pulgar si las cosas van bien y a ponerlo bocabajo si las cosas van mal que a hacer una crítica constructiva de lo que ocurre en el seno del partido cuando aún todo parece marchar sobre ruedas.

            Esta última es, precisamente, la situación en la que se encuentra actualmente el Partido Socialista Obrero Español por lo que la carta colectiva a la que hacíamos referencia al principio del presente escrito no es realista ya que la regeneración de este partido es imposible. El Partido Socialista Obrero Español en los veintiuno años que ha estado en el gobierno de España (catorce de Felipe González y siete de Rodríguez Zapatero) ha cosechado más fracasos que éxitos y siempre ha dejado al país en una posición ideal para que, seguidamente, la derecha económica representada por el Partido Popular justificara el empobrecimiento de los ciudadanos creando imaginarias burbujas mortales que solo beneficiaban a los que más poder adquisitivo tenían o eliminando y recortando derechos y prestaciones sociales imprescindibles para los menos favorecidos. No cabe duda que la situación que hoy  padece el PSOE también se reproducirá en un futuro en el PP porque estos dos partidos han cometido, en el tiempo que han ejercido el gobierno, los mismos errores: han desarrollado siempre una política a corto plazo, favorable a sus respectivas internacionales (socialdemócrata o democratacristiana), y a sus respectivos jerarcas (llamados “barones”); pero jamás han llevado a cabo una política de estado abocando a España a un claro y manifiesto retroceso político y social que si hoy tan solo se puede adivinar es seguro que en los próximos veinticinco años se podrá visualizar.

            El PSOE podrá volver a ganar unas elecciones, de eso no cabe duda, pero no será porque se haya regenerado cambiando a mejor ni por méritos propios sino que de ganarlas, las ganará igual que las ganó el Partido Popular en 1996 y 2011; por deméritos ajenos y cada vez con menos apoyo social y electoral.

            Pretender regenerar cualquier partido político que ha estado en el poder o sus aledaños durante un prolongado periodo de tiempo y que desde el mismo ha provocado o favorecido problemas políticos y sociales a los ciudadanos es pretender cambiarlo todo para que todo permanezca igual, es querer lavar la cara para tener una nueva oportunidad de retornar al poder y volverlo a hacer mal o incluso peor. Un partido político que hace eso no puede ser regenerado ni desde dentro ni desde fuera porque lo único que puede hacer es depurar responsabilidades ante los ciudadanos que han sufrido su mal gobierno y luego, si aun conserva un escrúpulo de decencia, disolverse.

lunes, 4 de noviembre de 2013

UNA NUEVA VARIABLE EN EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES

La última reforma del sistema público de pensiones que ha diseñado el actual gobierno del Partido Popular presenta dos novedades fundamentales consistentes en el hecho de que las pensiones ya no se revalorizarán anualmente conforme al Incremento de Precios al Consumo (I.P.C.) sino que se incrementarán todos los años tan solo un 0´25 por ciento y en el hecho de la introducción en dichas pensiones del llamado “coeficiente de sostenibilidad” en virtud del cual se calculará la cuantía de la pensión a percibir en relación con la esperanza de vida del perceptor en el momento de cumplir los sesenta y siete años, nueva edad de jubilación establecida por el anterior gobierno del Partido Socialista.

            Estas dos novedades que, en síntesis, se traducen en una reducción en la cuantía de las pensiones a percibir introducen una nueva variable en el sistema público de pensiones cual es el establecimiento de la “pensión estructuralmente deficitaria”.

            Desde su creación tal y como lo conocemos, a finales de los años cincuenta del siglo pasado, y hasta hace muy poco, el sistema público de pensiones respondía a la idea de proporcionar a nuestros mayores, tras la finalización de su vida laboral, una existencia digna y sin penurias abonándoles mensualmente una pensión que se acercara lo máximo posible a la satisfacción del cien por cien de sus necesidades imprescindibles uniéndose a la cuantía de la pensión otros beneficios sociales, que nunca llegaron a ser considerados a efectos fiscales como retribuciones en especie, como era la exención del pago de medicamentos, notables descuentos en transportes públicos, etc… A partir de ahora y debido exclusivamente a décadas de irresponsables políticas económicas y sociales, el sistema público de pensiones se ha convertido en una especie de chivo expiatorio con el que se pretende acabar dando la apariencia de que se protege y sostiene a fin de sanear, en el presente y en el futuro, las cuentas públicas.

            Para ello nada mejor que reorganizar la totalidad del sistema de protección social de la vejez y las pensiones públicas a fin de que las mismas sean estructuralmente deficitarias, es decir que, de forma sistemática y prolongada, cubran cada vez menor porcentaje de las necesidades de las personas que las perciben haciéndolas recurrir a sus ahorros para complementarlas o a la suscripción de planes privados de pensiones siendo precisamente a esto a lo que tienden las futuras medidas que pretende ejecutar el gobierno.
           
Ahora bien, ¿Qué justificación tiene el mantenimiento de un sistema público de pensiones en el que, llegado el momento, sus beneficiarios van a pasar, no ya solo necesidades, sino graves penurias económicas?. La respuesta a esta pregunta es muy simple y es que no se pretende mantener el sistema público de pensiones sino simplemente justificar a corto y medio plazo (1) la existencia misma del propio estado que cada vez más ha dejado de ser un instrumento medial para terminar convirtiéndose en un fin en sí mismo.

            La existencia de cualquier estado solo se justifica si sirve al bien común manteniendo interiormente la paz, defendiendo a la colectividad frente a posibles agresiones externas y redistribuyendo, de una u otra forma, la riqueza entre sus ciudadanos a fin de que no existan grandes desigualdades sociales ni enormes bolsas de pobreza, pero cuando un estado no solo no intenta cumplir con esas obligaciones mínimas sino que además desarrolla una política claramente contraria a las mismas se convierte metafísica y filosóficamente en un absurdo mientras que materialmente pasa a ser un mero engranaje de explotación del ser humano siendo precisamente esto lo que todo estado que se aleja de su finalidad original intenta ocultar y disimular utilizando fundamentalmente la propaganda institucional y la demagogia. Es por ello que el actual gobierno quiere mantener a toda costa un sistema público que pensiones aunque en el futuro serán a todas luces insuficientes para mantener a nuestros mayores, porque mientras al final de la vida laboral exista una pensión, por exigua, ridícula e insuficiente que esta sea para mantener al jubilado con un mínimo de dignidad, el estado podrá seguir justificando no solo su propia existencia sino también el hecho de que los ciudadanos estén cotizando a la Seguridad Social y pagando impuestos con los que los miembros de la casta política viven opíparamente.

            Por otra parte, la alternativa que la casta política pretende ofrecer a los ciudadanos españoles ante la futura reducción cuantitativa de las pensiones públicas es la suscripción de planes privados. Ahora bien, sin entrar en otras consideraciones de carácter sociológico y considerando exclusivamente la cuantía media de los salarios de los trabajadores en nuestro país así como los gastos imprescindibles que las familias tienen que afrontar mensualmente resulta que, tras atender a las necesidades de vestido y alimentación así como a las de alojamiento (ya sea éste en compra o alquiler) y suministros (luz, gas, teléfono…), a la mayoría de ellas no les queda cantidad alguna que puedan destinar al ahorro y mucho menos a invertir en un plan privado de pensiones por lo que está claro que el final de la planeada reforma del sistema de pensiones no solo supondrá el empobrecimiento de las futuras generaciones que se incorporen a “la tercera edad” sino su completo desamparo en una fase de la vida humana donde son más numerosos, obligados y perentorios los gastos.

            Una vez más, y ahora concretamente en el tema de las pensiones, los miembros de la casta política vuelven a engañar y a mentir a los ciudadanos porque lo que deberían reconocer de una vez por todas es la verdad que no es otra que el sistema público de pensiones peligra porque durante décadas la inversión pública que debería haber ido a él se ha destinado a otros fines, principalmente a juegos de artificios políticos como subvenciones a partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales etc… así como a operaciones puramente estéticas como la inversión en megalómanas infraestructuras. Igualmente deberían decir a los ciudadanos que hoy rondan los cuarenta o cincuenta años de edad que cuando lleguen a la jubilación la pensión pública que van a percibir tras toda una vida de cotizaciones no les va a alcanzar ni para comprar una ración de supervivencia en un puesto ambulante sin licencia. No obstante, nuestros políticos jamás reconocerán lo primero porque equivale a reconocer su falta de honradez y su completa inutilidad mientras que lo segundo no lo dirán jamás porque entonces no podrían justificar el pago de las actuales cotizaciones a la Seguridad Social por lo que los ciudadanos podrían empezar a plantearse el por qué contribuir a un sistema del que van a recibir menos de lo que les obligan a aportar y ello, evidentemente, llevaría al colapso total e inmediato del sistema de pensiones que alcanzaría a los actuales beneficiarios que serán de los últimos en disfrutar de unas pensiones menos deficitarias.  










(1)   Es preciso aclarar que, a todos los efectos, se entiende por corto plazo aquello a lo que se puede llegar en menos de seis meses, medio plazo es aquello que se puede alcanzar en un periodo de tiempo que va de seis meses a seis años y largo plazo aquello cuyos resultados se prevé que se pueden materializar en un tiempo superior a los seis años.
 



viernes, 25 de octubre de 2013

LA DIGNIDAD HUMANA: SUS TRES ESCALONES


Reconozco sin problemas que mis artículos son poco originales. Contienen reflexiones surgidas de múltiples lecturas y de su rumia posterior, en solitario conmigo mismo y en diálogo con amigos. Pero éste tiene un sólo referente. Va a ser la glosa, por ende imperfecta y a la vez infiel, de ideas contenidas en el sugerente libro PERSONAS POR AMOR, obra de una excelente cura andaluz Luis Mari Salazar, a quien tuve el gozo y el honor de escuchar y conocer en la XX Aula del Instituto Mounier, recientemente celebrada en Burgos.

Los humanos somos criaturas. Seres contingentes, como todos los que componen el conjunto de los entes existentes. Tenemos una estrecha relación con todos ellos. Estamos formados del mismo polvo de estrellas. Fuimos llamados a la existencia por un proceso creador del único Ser necesario. Proceso que hoy la ciencia describe como evolución. Pero si existe el ser y no la nada es porque ese Absoluto misterio al que llamamos Dios, quiso, en volición pura y gratuita, poner en marcha la creación a la que sigue sosteniendo desde dentro. Los humanos somos creaturas, ese es el primer escalón de nuestra dignidad que compartimos con todos los demás seres. En comunión fraternal con  todos ellos disfrutamos de la existencia, como tan bella y exactamente expresara Francisco de Asís, calificando de hermanos a todos los seres inertes y vivos.   

Pero formando parte de la naturaleza que constituye una pluralidad jerarquizada, nos hemos distanciado constitutivamente de ella. El ser humano es una unidad psico-física, un compuesto de mente y materia, dotado de una inteligencia, con sus tres niveles racional, emocional y espiritual que nos permite distanciarnos del resto de la creación y ser capaces de analizarla y tratar de desentrañarla. Hemos emergido de la naturaleza y constituimos su vértice evolutivo. Disponemos de un sistema de comunicación propio, el lenguaje que sirve para comunicarnos y pensar hasta la abstracción y el simbolismo. Somos seres que nos  interrogamos sobre las cuestiones básicas de la existencia y su sentido y tratamos de encontrar respuestas satisfactorias. Alcanzamos este escalón, el segundo de nuestra dignidad, porque, según sabemos los creyentes, en nuestra emergencia hemos llegado a ser imagen y semejanza del Creador por encima de los demás entes creados. Mas esta preeminencia no significa que podamos explotarlos y destruirlos sino que tenemos unas obligaciones respecto a ellos en orden a conservarlos y preservarlos.

Pero existe un tercer escalón en la dignidad humana que la convierte en incondicional. Se aplica tanto a toda nuestra especie en virtud de su común naturaleza, como a todos y cada uno de sus miembros, cualesquiera que fueren sus circunstancias particulares. Somos personas. ¿Qué es ser persona? ¿Cuál es la nota característica de la personalidad?. Es la relación. Somos personas, nos constituimos como tales, empezamos a ser un yo, en virtud de nuestra relación con otros tus. Y, desde nuestra perspectiva creyente, el primer Tú que nos conforma en nuestra identidad, es la relación con Dios. Relación que parte de su gratuidad amorosa. Existimos y llegamos a ser personas porque somos amados por Él desde nuestro mismo origen. Y desarrollamos nuestra personalidad ya que mantenemos constantemente encuentros con otros tus. Si son  de amor, nuestro desarrollo será positivo. En cambio, en la medida en que sean de dominación o de explotación, recibida o practicada, estropearemos ese crecimiento personal.

Por ser personas, por haber alcanzado este tercer nivel de nuestra dignidad, todos y cada uno de los seres humanos gozamos de unos Derechos Fundamentales, con sus correlativos Deberes, que deben ser positividados en todos los ordenamientos jurídicos. La dignidad de las personas es incondicional y ha de predicarse de todos los seres humanos. Nunca puede perderse, por graves que sean los actos injustos que lleguemos a cometer. El criminal más encanallado por sus actos inhumanos tiene derecho al respeto de su dignidad, aunque deba sufrir las condenas impuestas por la justicia. De ahí el error del razonamiento escolástico pretendiendo justificar la pena de muerte –asesinato legal- aduciendo que la gravedad del delito le hace perder su dignidad.

De la dignidad de la persona derivan directamente los dos Derechos básicos: a la vida y la libertad. Podemos sacrificar nuestra vida  entregarla voluntariamente, día a día o de golpe, al servicio de otras personas. Pero no podemos disponer de ella ni de la ajena, arbitrariamente, por egoísmo o por frivolidad. La calidad de una civilización se ha de medir precisamente por el respeto cuidadoso que ponga en la conservación y protección de la vida de todos los seres humanos, extensiva a los demás entes con los que compartimos la existencia. Vivir no es, naturalmente, sólo sobrevivir, entraña la posibilidad de desarrollar la existencia en unas condiciones mínimas de bien-ser. Y la cultura dominante actual no responde precisamente a este criterio, más bien podemos calificarla de cultura de muerte por la facilidad con que menosprecia, ningunea o aplasta la existencia de tantos seres humanos y de toda la naturaleza.

Junto ella, la libertad. Es un don que hemos recibido, pero, como toda cualidad humana, limitado. Aunque la concepción dominante, individualista, se confunda sobre cuáles sean esos límites. No es la libertad de los otros la que me contiene. Los otros, la relación con ellos, sostienen y afirman, mi libertad, si se desarrolla en un marco de respeto mutuo, en encuentros positivos donde nuestra cualidad relacional de personas se afiance y profundice.  A través de su ejercicio, si nos atrevemos a liberarme de las jaulas visibles e invisibles que nos aprisionan es como voy avanzando en la conquista de  nuestra libertad. Para que sea completamente humana y de acuerdo con lo más hondo de nuestra vocación existencial, ha de volcarse en la entrega comprometida hacia esos tus con los que transcurre nuestra  vida. Ser guardianes de nuestros prójimos, especialmente de los más necesitados, es la manera más auténtica de vivir la libertad. Y teniendo claro ese hondón fundamental conquistar y realizar unas libertades concretas, de índole jurídico-político-económico-cultural será hacedero.

Claro que hay una cuestión grave: ¿cómo convivir en nuestras sociedades heterogéneas con concepciones ideológicas que no ven el carácter incondicional de la dignidad de la persona humana o que no la reconocen en todos los humanos, mientras que a la par, en algunas corrientes, la extienden a nuestras especies animales más próximas?. Debemos dialogar civilizada y razonablemente dentro de la sociedad, pero, desde una diferencia tan abismal, ¿es posible construir una ética mínima para todos?.

Pedro Zabala

miércoles, 16 de octubre de 2013

EL CONTRATO POLÍTICO Y SUS GARANTÍAS


La inmensa mayoría de las personas no son conscientes de que cada día, a pesar de no firmar documento alguno, suscriben innumerables contratos muchos de ellos de una enorme complejidad que nos obligan a cumplir ciertas condiciones y nos permiten recibir ciertas contrapartidas. Así, cuando compramos el pan estamos suscribiendo un contrato de compraventa con el panadero por el cual debemos pagar un precio a cambio de recibir una barra de pan o cuando cogemos el autobús suscribimos un contrato de transporte que lleva aparejado un contrato de seguro en virtud del cual recibimos la contraprestación de ser llevados con seguridad a un punto geográfico determinado a cambio de pagar el precio del billete. Estos contratos son consustanciales a la vida en sociedad y son, en gran parte, reguladores de las relaciones entre los individuos entre sí y entre los individuos y los grupos de individuos.

            Además de estos contratos fácilmente reconocibles, existe otro contrato mas difícil de reconocer y del que igualmente no somos conscientes de su existencia cual es el “Contrato Político” en virtud del cual un individuo o grupo de individuos se vinculan al estado, y bien digo al estado y no al gobierno, del que forman parte.

            El contrato político ha existido a lo largo de la historia y, aunque ha mudado de nombre y de contenido, nunca ha dejado de tener efectos conservando siempre la característica de ser bilateral o sinalagmático, es decir de obligar recíprocamente al individuo o grupo de individuos con el estado y a éste con aquéllos. De este modo, el hoy tan denostado “Pacto de Vasallaje” constituía un contrato político o la misma  “Ciudadanía Romana” no era más que otro contrato político que hacía a los romanos beneficiarios de determinados derechos y les obligaba a determinadas contraprestaciones con Roma.

            Si actualmente viene ganando terreno la teoría de que, desde el punto de vista del mundo ideal, los programas electorales que los distintos partidos presentan a los ciudadanos en tiempo de elecciones constituyen un verdadero contrato, no se debe identificar este supuesto contrato con el “Contrato político” porque el programa electoral del partido triunfador de unas elecciones solo le vinculará y le obligará frente a sus electores, jamás frente a aquellos que no le han votado ya que estos demostraron con la actitud de negarle el voto que no creían en el programa presentado o que no deseaban su realización por lo que el incumplimiento del programa electoral vendría a dar la razón, y en cierto modo beneficiaría, a sus no votantes. Por su parte, el “Contrato Político” vincula a todos los ciudadanos con el estado, no con el gobierno ni con el partido que lo asuma, y por ello contiene o debe contener unos derechos y obligaciones recíprocas fundamentales que ningún gobierno puede o debe alterar en virtud de la realización de tal o cual programa electoral.

            En la actualidad, todo estado existente tiene un “Contrato Político” con sus ciudadanos que básicamente consiste en que los ciudadanos pagan unos impuestos para sostener los servicios públicos comunes a todos ellos, se obligan a ser respetuosos con las leyes manteniendo la convivencia y a realizar algunas prestaciones personales como puede ser el servicio militar o dedicar algunas horas en beneficio de la comunidad. Por su parte el estado se compromete con los ciudadanos a gestionar honrada y diligentemente los recursos y servicios públicos, a protegerlos de cualquier perturbación de la paz interna o externa y a favorecer su progreso combatiendo las desigualdades mediante una justa redistribución de la riqueza.            

Todo contrato que se realiza conforme al derecho civil se hace para ser cumplido por las partes pero siempre existe la posibilidad de que el mismo se incumpla por cualquiera de ellas. El incumplimiento del contrato empieza, no con un hecho, sino con la existencia de la idea y de la voluntad de incumplirlo que termina materializándose en el acto del incumplimiento; por eso los contratos suscritos entre dos personas físicas o jurídicas suelen contener cláusulas penales o cualquier otro tipo de garantías como avales, prendas, etc… En el caso del “Contrato Político” el incumplimiento de una de las partes conlleva consecuencias jurídico-políticas de enorme magnitud como son la decadencia y extinción del propio estado y frente a esto las garantías que se establecen son escasas limitándose las mismas a la plasmación por escrito de unas “declaraciones de principios” que se llaman “Constituciones”. No obstante en el incumplimiento de cualquier contrato siempre suele ocurrir lo mismo: la parte que se considera mas fuerte o poderosa va haciendo una interpretación unilateral y arbitraria de los derechos que ha de otorgar a la parte contraria con la intención de irlos restringiendo progresivamente al mismo tiempo y de la misma forma que va aumentando las contraprestaciones que ha de recibir y esto vale tanto para el incumplimiento de contratos de derecho común como para el incumplimiento del “Contrato Político”.    
       
Bien está que una garantía del “Contrato Político” sea que el mismo quede reflejado por escrito en forma de “Constitución” pero ello no basta para garantizar su cumplimiento por la parte más poderosa ya que esta puede, a través de los poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) que son los que garantizan el cumplimiento contractual por los ciudadanos tergiversar el espíritu del texto contractual y convertirlo en letra muerta. Las únicas garantías eficaces que pueden existir para asegurar el cumplimiento del “Contrato Político” por la parte más fuerte, esto es por la autoridad del estado, son las que existen por debajo tales como el principio de subsidiariedad, el mandato imperativo y el juicio de residencia.

            En virtud del principio de subsidiariedad, ninguna entidad pública superior ha de asumir competencias y ejercer funciones que puedan ser asumidas y ejercidas por una entidad pública inferior, mientras que por medio del mandato imperativo se impide que los cargos electos tomen decisiones políticas para las que no se les ha dado poder especial por parte de los electores y, finalmente, mediante el juicio de residencia se revisa la gestión realizada por los cargos electos una vez finalizado su mandato quedando sometidos a las pertinentes sanciones que les puedan imponer por haberse extralimitado en sus funciones, por haber malversado fondos públicos o por haber actuado con negligencia inexcusable.

            Si la Historia demuestra la existencia de un “Contrato Político” entre los estados y los ciudadanos no es menos cierto que la misma Historia demuestra igualmente que la decadencia de los estados comienza con la ruptura del “Contrato Político” que termina siendo sistemáticamente vulnerado por la parte contratante más fuerte, lo que genera en un plazo más o menos largo que la contraparte los vulnere igualmente. Así por ejemplo, cuando no pocos historiadores clásicos (Gibbon, Droysen, Mommsen) indican la negativa a servir en las legiones por parte de los ciudadanos romanos (lo que significa una clara infracción del “Contrato Político”) como un primer síntoma de la decadencia de Roma no perciben que anteriormente y durante mucho tiempo las más altas instituciones romanas, el César o el Senado, ya habían infringido el “Contrato Político” con sus ciudadanos no siendo moralmente exigible a éstos últimos el cumplimiento de las contraprestaciones impuestas en beneficio exclusivo de las locuras y extravagancias de un Heliogábalo.

martes, 8 de octubre de 2013

“LAS HERMANAS MITFORD” de ANNICK LE FLOC´HMOAN

Hace unos años la editorial Circe publicó el libro titulado “Las Hermanas Mitford” escrito por la escritora británica Annick Le Floc´hmoan siendo tal su éxito que, a pesar de lo muy concreto de su temática y del desconocimiento de sus protagonistas por parte del gran público español, ya ha alcanzado la segunda edición.

            La autora de “Las Hermanas Mitford”, Annick Le Floc´hmoan pretende hacer un estudio biográfico sobre la aristocrática, polémica y extravagante familia de lord Redesdale pero trasciende los límites biográficos para hacer una amplia incursión en la historia, sociedad y cultura de la Gran Bretaña durante el periodo de entreguerras y de la inmediata postguerra.

             David Ogilvy Freeman-Mitford, convertido en lord Redesdale tras la muerte de su hermano mayor, contrajo matrimonio con Sydney Bowles (familiar de la conocida Camila Parker Bowles) fruto del cual nacieron siete hijos los cuales, de una forma u otra, rompieron con todos los convencionalismos sociales de la rancia aristocracia británica. Estos descendientes del matrimonio Mitford fueron los siguientes :

            Nancy (1904-1973). La hija mayor, tuvo cierto éxito como escritora de novelas costumbristas y románticas en las que siempre identificaba a sus personajes con amigos y conocidos suyos. Fue una gran amiga del escritor británico Evelyn Waugh.

            Pamela (1907-1994), fue una precursora de la defensa de los derechos de los animales siendo su única extravagancia el casarse vestida de negro.

            Thomas (1909-1945), el único hijo varón pero no el único simpatizante fascisa en la familia murió en acción de guerra en Birnania donde fue destinado tras su negativa a servir en Europa y combatir contra Alemania.

            Diana (1910-2003) la más transgresora de la familia contrajo primeras nupcias con Bryan Guinness, heredero de la homónima y conocida fábrica de cervezas, del que se divorció para casarse en Alemania con Oswald Mosley, fundador de la Unión Británica de Fascisas. Tanto Diana como su marido, Oswald Mosley, fueron unos representativos defensores de Eduardo VIII y de la política británica de apaciguamiento durante los años treinta del siglo pasado.

            Unity (1914-1948), la cuarta de las hermanas y la quinta descendiente de Lord Redesdale, estaba obsesionada con el militarismo, la displina y el fascismo. Seguidora acérrima de su cuñado, Oswald Mosley, terminó fijando su residencia en Alemania hasta que el 3 de Septiembre de 1939, día en que Iglaterra declaró la Guerra a Alemania, intentó suicidarse en Munich quedando con tan graves secuelas que la causaron la muerte nueve años después.

            Jessica (1917-1996), contrajó primeras nupcias con el sobrino de Winston Churchilli, Esmond Romilly, con el que se fugó a España con la intención de combatir en la Guerra Civil a favor de la República. Al estallar la Segunda Guerra Mundial emigró a Estados Unidos junto a Esmond y tras fallecer este en 1941, cuando combatía en la fuerza aérea canadiense, contrajo nuevas nupcias con un abogado de los derechos civiles. Tras la Segunda Guerra Mundial Jessica adquirió la nacionalidad estadounidense a fin de poder afiliarse al Partido Comunista Norteamericano significándose en la defensa de los derechos de las minorías. Tras el abandono del Partido Comunista Norteamericano se convirtió en una famosa periodista de investigación sin abandonar jamás su activismo y compromiso político con las causas de los más desfavorecidos.

            Deborah, nacida en 1920 es la única descendiente de Lord Redesdale que aún vive. Se casó en 1941 con Lord Cavendish convirtiéndose así en la Duquesa de Devonshire siendo la actual dueña del castillo de Chatsworth en Derbyshire que ha adaptado para ser explotado turísticamente. Deborah es la única de las hermanas Mitford  que ha cumplido escrupulosamente el destino que sus aristocráticos padres tenían previsto para todos sus hijos.

            Partiendo del protagonismo de la familia Mitford, Annick Le Floc´hmoan consigue en “Las Hermanas Mitford” reflejar toda una época y concretamente la formación educativa de la aristocracia británica, su decadencia y sus resistencias a dejar de ser lo que habían sido tan solo medio siglo atrás así como mostrar una panorámica del mundo literario de Inglaterra en los años veinte y treinta del Siglo XX siendo una obra altamente recomendable para conocer la esencia del ser británico donde los modos aristocráticos y elitistas continúan rigiendo su política y sociedad.

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