CONTACTO (indicando como asunto El Chouan Ibérico): arturoen@hotmail.com

lunes, 24 de octubre de 2011

HACIA LA LIBERACIÓN

No nacemos libres, aunque las leyes democráticas optimistamente lo afirmen. Nacemos inermes biológica, psicológica y socialmente. Al ir creciendo, llegamos un momento de nuestra madurez, en que hemos de optar entre la libertad o la sumisión, si de verdad queremos llegar a ser personas plenamente. Una persona cabal es aquella que ha elegido llegar a ser libre y luchar por su liberación.


La figura más representativa de la negación de la libertad es la de un preso, encerrado tras los barrotes de una celda. Quien de verdad quiere ser libre, tiene que empezar por reconocer que está encerrado en una prisión tras unos muros. Y esos muros son de dos clases, unos externos y otros internos. Hay quienes tan confortablemente están instalados en su prisión, que ni siquiera advierten la existencia de esos muros que coartan no sólo su libertad, sino su capacidad de optar por ella.


Muros externos son:


1º. La pobreza impuesta, con todas sus consecuencias: la malnutrición, la dificultad o la imposibilidad de acceder a agua potable, las enfermedades, la privación de enseñanza...


2º. Las crecientes desigualdades en el acceso a la riqueza, a la información y al poder que se da tanto en Norte como en el Sur.


3º. La falta de libertades civiles y políticas.


4º. La carencia de una vivienda digna.


5º. La ausencia de un empleo estable y digno.


6º. Las discriminaciones por cualquier motivación.


7º.El neoliberalismo capitalista.


8º. La ausencia de medios informativos independientes del poder económico.


10º. La subordinación incluso en los países de democracia formal, del poder político a los intereses de los lobbies económicos.


Y muros internos:


1º. El miedo a los poderosos.


2º. El miedo al futuro.


3º. La falta de seguridad personal y colectiva.


4º. La carencia de un pensamiento crítico.


5º.La aceptación del individualismo insolidario como único horizonte de vida.


7º. El miedo al diferente: social, étnico, ideológico o religioso.


8º. Escapar de la percepción de la realidad a través de las adicciones que el sistema pone a nuestra disposición...


En una cárcel hay reglas y carceleros. Si intentas evadirte, sentirás el peso del la coacción. Unas veces, a través de los propios compañeros de prisión que te tacharán de loco o incluso ayudarán a los carceleros en su función represiva. Quien intenta liberarse remueve la tranquilidad de los sometidos de buen grado.


Sabemos, y la historia está llena de grandes fracasos, que muchos intentos de fuga acaban mal y la situación subsiguiente puede llegar a ser peor que la anterior. Y lo más grave es que en ocasiones, ha habido fugados que han logrado evadirse para sustituir o hacerse cómplices de los antiguos carceleros y hacer más opresiva la condiciones de los encadenados.


La liberación auténtica exige reconocer los muros que aherrojan nuestra libertad. No sólo los externos, sino, para empezar los internos, los que tenemos interiorizados. Romper esos muros nos llevará a conquistar nuestra libertad interior. Sólo personas libres pueden realmente iniciar el derribo de un sistema opresor, de esos muros exteriores que mutilan la personalidad de la mayoría del género humano. Y cuando uno empieza a conquistar esa libertad interior, su vida cambiará. Descubrirá qué actitudes suyas, qué conductas sirven a los intereses de los carceleros y podrá empezar a rebelarse.


En estos principios del siglo XXI una rebelión liberadora ha de basarse en la no-violencia. El atajo de la agresividad no es tal atajo, aunque pudiera parecerlo en principio. Refuerza el poder de los privilegiados que emplearán el temor al terrorismo para anular aún más las libertades. Y la masa que tiene miedo a despertar, pedirá más controles y mano dura, porque tienen pavor a perder las migajas que caen de la mesa de los privilegiados. Es curiosa la conexión, no tan invisible como ellos quisieran, establecida entre los poderosos y los radicales antisistema. Unos y otros se necesitan mutuamente para prolongar su poder.


Soñar con la libertad y la justicia es una utopía, pero es precisamente el luchar por ella, lo único que nos convierte en personas auténticas. Liberarse de los muros, derribarlos, cambiar la sociedad es una exigencia moral. Rendirse, esperar lentamente a que el ansia acaparadora de unos pocos acabe cargándose la posibilidad de vida de nuestra especie en el planeta sería suicida. Derribar esta prisión global es el imperativo ético que nos obliga. Mientras haya un sólo esclavo en la tierra, no podremos ser libres.


Pedro Zabala


lunes, 17 de octubre de 2011

JACK LONDON: UN SOCIALISTA ATÍPICO


Muchos conocen al escritor norteamericano Jack London por sus novelas de viajes y aventuras como “Colmillo Blanco”, “Lobo de Mar” o “La Llamada de las Tierras Vírgenes” así como por su novela autobiográfica “Martin Eden”, pero muy pocos conocen su faceta de periodista, de estudioso de la sociología de su tiempo y de publicista socialista.


Jack London nació en San Francisco (California) en 1876 y tras numerosos viajes por el mundo como marinero enrolado en distintos buques mercantes se convirtió en 1893, cuando tan solo contaba diecisiete años de edad, en un socialista militante al ver las condiciones laborales y sociales a las que eran sometidos los trabajadores de la ciudad de Oakland, participando en la gran protesta del mundo del trabajo en reivindicación de mejoras sociales que fue la marcha a Washington en 1894.


El socialismo de Jack London es difícil de encuadrar, pues aunque llegó a afiliarse al partido socialista norteamericano y aceptaba, al menos como presupuesto intelectual, la teoría de la lucha de clases nunca llegó a ser un socialista científico por lo que sus ensayos sociales se encuentran bastante alejados del marxismo doctrinario. Así pues, el socialismo de London parece decantarse más bien hacia el primer socialismo utópico no estando exenta su exposición de los problemas sociales y de las posibles soluciones a los mismos de cierta impregnación cristiana.



Las obras en las que Jack London pretendía difundir los ideales socialistas son numerosas aunque traducidas al castellano solo encontramos dos “El Pueblo del Abismo” (editorial Valdemar) y “El Talón de Hierro” (editorial Hiru). En la primera de ellas, London describe la forma de vida que tienen los trabajadores que se encuentran en desempleo y prácticamente condenados a vivir en la calle como vagabundos criticando la hipocresía de las distintas entidades de beneficencia que antes de proporcionarles un plato de sopa caliente, les obligan a asistir puntualmente a oficios religiosos, al tiempo que si, en un plazo realmente breve, no han encontrado un empleo se verán privados de la ayuda benéfica con lo que los trabajadores desempleados se encuentran en una rueda sin fin consistente en que si para tomar una comida caliente al día tienen que ir a los oficios religiosos no pueden por tanto buscar algún trabajo y si con el tiempo no encuentran algún trabajo perderán el derecho a percibir un plato de sopa caliente. En “El Pueblo del Abismo” Jack London se muestra, aunque ni lo diga ni lo reconozca, como un extraño socialista pesimista muy alejado de la retórica socialista que prometía “la redención del pueblo trabajador” y un “paraíso proletario”.


Si bien es común en todos los socialistas científicos, empezando por el propio Karl Marx, un férreo optimismo y una inquebrantable fe en el triunfo de las masas trabajadoras, llegando a preconizar la destrucción total del capitalismo tal característica no se da en las obras socialistas de London, o al menos en las traducidas al español, porque entre las líneas de “El Pueblo del Abismo” se llega a poner en duda que los trabajadores puedan elevarse de tan paupérrima situación socioeconómica como las que quedan descritas en esta obra.


Por otra parte, en su novela “El Talón de Hierro”, publicada en 1908, London, además de profetizar la próxima guerra entre Estados Unidos y Alemania, que estallaría en verdad en 1917; augura, que tras la progresiva concentración de las riquezas en pocas manos por medio de “monopolios” y “trust”, el capitalismo triunfará totalmente imponiéndose sobre todas las pretensiones y demandas sociales de los trabajadores llegando a crear una tiranía mundial que se mantendrá en el poder gracias a la fuerza que le proporcionarán enormes plantillas de esbirros armados y a la división de los trabajadores en distintas castas, según presten sus servicios en sectores más o menos importantes de la economía, cuyos miembros gozaran de privilegios diversos que les alejaran de cualquier gesto de solidaridad con lo más bajo del escalafón social y que, en “El Talón de Hierro”, Jack London volverá a denominar como el “Pueblo del Abismo”.


La atipicidad del socialismo de Jack London se explica porque su ideario socialista tiene su origen en el corazón así como en sus experiencias vitales y no en la teoría intelectual, lo que le hace alejarse del socialismo marxista para estar más cerca, tal vez, de las constantes reivindicaciones de justicia social de un Chesterton que de la radicalidad de los revolucionarios bolcheviques.


martes, 11 de octubre de 2011

PRIVATIZAR SIN PRIVATIZAR ¿COMO SE VA A HACER?

Está en el ambiente y se respira en el aire siendo motivo de innumerables protestas ciudadanas principalmente en Barcelona y Madrid. No se trata de la contaminación o tal vez sí, pero desde luego no de la contaminación atmosférica sino de otro tipo. Nos referimos a las probables, más que posibles, privatizaciones de servicios públicos como la educación o la sanidad que pueden tener lugar en la próxima legislatura como consecuencia de la crisis económica.


En realidad las privatizaciones han estado presentes en la política y en la economía española desde que empezaron a venderse las primeras empresas públicas a mediados de la década de los ochenta del pasado siglo con motivo de la mal llamada “Reconversión Industrial” que más debería haberse llamado “Desindustrialización Programada”, aunque jamás fueron objeto de las mismas servicios públicos fundamentales con los que la ciudadanía tenía relación directa.


Los ciudadanos hoy están protestando, con justicia y con razón, contra las privatizaciones, pero con la ingenua creencia en que, si no son atendidas sus reivindicaciones, llegará un día en que los gobernantes venderán directamente las instalaciones educativas y sanitarias con todos los materiales y mobiliario existente en su interior a unas empresas privadas que a partir de ese momento se harán cargo del abono de emolumentos al personal docente y sanitario y gestionaran la educación y la sanidad con criterios puramente empresariales y con plena obediencia a las leyes del mercado.


No obstante, tal cosa no solo no sucederá así, sino que además la privatización de la educación y de la sanidad llegará ante la indiferencia de los ciudadanos cuando no atendiendo a una clamorosa exigencia de los mismos y ello porque previamente habrá un proceso de transición, que ya ha comenzado hace unos años, en el que no se ahorraran esfuerzos para modificar la opinión ciudadana sobre los servicios públicos.


Si la privatización de la educación y de la sanidad tuviera lugar en la forma como cree la opinión pública, las instituciones políticas tendrían un grave problema pues el personal funcionario de tales servicios no podría ser reubicado en su totalidad ni en el sector público ni en el sector privado generándose un importante número de nuevos parados que no aliviarían precisamente el gasto público sino que simplemente modificarían el concepto de dicho gasto que pasaría de los presupuestos de educación o sanidad al de prestaciones por desempleo. Por otra parte, la privatización de tales servicios solo puede ser lenta y progresiva pues con una privatización rápida se podría correr el riesgo de colapsar totalmente el servicio.


Así pues, las privatizaciones que se avecinan se harán encubiertamente y con paso firme y pausado hasta que llegue un día en que toda la población o, al menos una inmensa mayoría de ella, se encuentre siendo asistida por la sanidad o la educación privada sin que se percate de ello.


El método de privatizar sin privatizar (o al menos sin qué se note) consiste, en primer lugar en lanzar “globos sonda” que son recogidos por la prensa y demás medios de comunicación en los que se cuestiona la gestión pública del servicio en cuestión, ello genera un debate en la sociedad que nadie se había planteado anteriormente en el que un sector, aunque sea muy minoritario, argumentara a favor de la privatización. Posteriormente y con cualquier excusa, aunque generalmente será con la de mejorar la prestación, se externalizarán determinadas funciones, como por ejemplo el catering de los colegios o la limpieza de los hospitales, para continuar, amparándose en la racionalización de los costes y en el aumento de la productividad, con el endurecimiento de las condiciones laborales de los profesionales del sector. Cuando se haya llegado a este punto, es el momento crítico de la privatización encubierta porque los profesionales protestaran, se movilizaran y de esta forma colaboraran inconscientemente y de buena fe a la tarea privatizadora pues no se escamotearan esfuerzos para criticarlos duramente en los medios de comunicación y en afirmar que sus quejas responden a motivos espurios y egoístas, generándose con todo ello un malestar social hacia estos profesionales primero y después hacia el funcionamiento del propio servicio público que de ellos depende que, unido a deficiencias existentes en el servicio, sean estas inherentes al mismo o mal intencionadamente provocadas; irá incubando en los ciudadanos una creciente desconfianza hacia lo público que hará que surjan las preguntas del tipo ¿Estaré bien tratado si voy a un hospital público? ¿Los profesores de un colegio público se preocupan realmente por sus alumnos, mis hijos?.


La quiebra de la confianza en los servicios públicos llevará a los ciudadanos a que progresivamente y de una forma creciente vayan suscribiendo “seguros privados de salud” (que son ofrecidos por bancos y empresas a precios realmente no excesivos) que les aseguren una mínima asistencia médica en caso de enfermedad o a matricular a sus hijos en colegios privados y/o concertados, lo que a su vez conllevará un adelgazamiento en las prestaciones sanitarias y educativas públicas que al final quedarán reducidas poco menos que a aquellos que sean “pobres de solemnidad” y poco menos que serán consideradas como prestaciones de beneficencia, todo ello con la consiguiente reducción progresiva en las plantillas laborales a base de la congelación de ofertas de empleo público, despido de interinos e, incluso, prejubilaciones.


Llegado el momento en que la mayoría de la población haya derivado, de forma voluntaria y ante su desconfianza, al sector privado ella misma reclamará que se privatice lo que quede de la sanidad y de la educación pues ello supondrá, al menos teóricamente, una disminución en la presión fiscal y así dejará las manos libres a las instituciones políticas para que puedan enajenar los establecimientos sanitarios y educativos absorbiéndose por la empresa privada o la propia administración un personal laboral numéricamente reducido.


Este y no otro será el método a seguir en el proceso privatizador por lo que los ciudadanos y trabajadores del sector público han de estar atentos para que en los primeros no surja la desconfianza en las prestaciones de los servicios públicos y en los segundos no se caiga en la provocación que les llevará a colaborar inconscientemente con las privatizaciones.


martes, 4 de octubre de 2011

“FOUCHÉ” de STEFAN ZWEIG

Con el subtítulo de “Retrato de un Hombre Político”, la editorial Acantilado ha tenido a bien editar nuevamente esta biografía escrita por el novelista y biógrafo austriaco Stefan Zweig y que tiene por protagonista a Joseph Fouché, personaje fundamental del drama de la Francia revolucionaria a la que sobrevive para resplandecer en el primer imperio napoleónico y eclipsarse tras sumarse a la triunfante restauración borbónica.


A diferencia de otras biografías, el “Fouché” de Zweig no solo pretende relatar la vida y obra del personaje biografiado sino penetrar en su psicología no pudiéndose menos que alabar al autor por la elección de este personaje ya que es un superviviente de todos los cataclismos políticos de su época de cada uno de los cuales supo sacar provecho.


Lo que hace interesante la vida de Fouche y lo que magistralmente pone de manifiesto la obra que reseñamos es su gran capacidad de adaptación a cada momento histórico concreto gracias a lo que Zweig denomina “el carácter de Fouché o, mejor dicho, su falta de carácter”.


Joseph Fouche nació en el seno de una familia humilde y, ante las escasas posibilidades de progresar en la vida, decidió ingresar en un seminario donde cursó estudios de teología y se ordenó como sacerdote pasando posteriormente a ganarse la vida como profesor de latín. Tras la toma de la Bastilla en 1789, entra como diputado en la Asamblea Nacional donde, a pesar de militar entre los girondinos no deja de ser un oscuro diputado sin criterio alguno hasta tal extremo de que la noche anterior a que la Asamblea decidiera sobre la ejecución de Luis XVI se dedicó a buscar apoyos para conseguir la clemencia hacia el rey asegurando a su partido que, sin ningún género de duda, él votaría en contra de la aplicación de la pena de muerte; no obstante, en el mismo momento en que se está produciendo la votación, calculando rápidamente y según se va produciendo la misma, no duda en pasarse de bando y votar a favor de la muerte de Luis XVI al observar que los partidarios de la clemencia son minoría pasándose en ese mismo instante a las filas de los Jacobinos.


Militando ya en el partido Jacobino es recompensado con el puesto de representante de la Convención en la ciudad de Lyon donde lleva una radical política de descristianización e implantación del terror llegando a conocérsele en la ciudad como “el ametrallador de Lyon”. De regreso a Paris y enfrentándose a Robespierre, consigue hacerse con la presidencia del “Club de los Jacobinos” participando activamente en el golpe de estado que llevará a Robespierre a la guillotina cuando éste cree haberle dado un golpe mortal al desplazarle de la presidencia del partido Jacobino.


Tras instaurarse el Directorio, Fouché ayuda a Barras a desmantelar la conspiración de los iguales planeada por Babeuf tras lo cual empieza a desempeñar distintas misiones diplomáticas hasta que Napoleón, una vez en el poder tras el golpe de estado del 18 de Brumario, le nombra “Ministro de Policía”, cargo éste desde el cual empezará a recabar información de toda persona y partido a fin de servir a su único señor y a su única causa: la de él mismo. Finalmente, en 1814 convertido en Duque de Otranto por un generoso Napoleón y con un Imperio que se desmorona no duda ni un instante en pasarse a las victoriosas filas borbónicas para mantener su status político y social.


En el “Fouché” de Stefan Zweig aparecen todos estos acontecimientos de la vida de este personaje presentándose siempre por el autor no como manifestaciones de cambiantes necesidades políticas sino como acciones propias del carácter o psicología del biografiado que se convierte, tal y como reza el subtítulo de la obra, en el perfecto retrato de un hombre político, superando con sus prácticas las ideas expuestas por Maquiavelo en “El Príncipe” y permitiendo reconocer perfectamente al lector que desee disfrutar de la amena lectura de esta obra de Zweig la personalidad de cualquier político contemporáneo porque Joseph Fouché fue un personaje ambicioso que aprovecho el acontecimiento fundamental del Siglo XVIII que fue la Revolución Francesa para encumbrarse y, simulando servir lealmente y según el momento a cualquier bandera, demostrar que no servía a ninguna salvo a la de su propia ambición.


La lectura de “Fouché” de Stefan Zweig, es altamente recomendable máxime en estos tiempos preelectorales donde un astuto lector podrá distraerse comparando actitudes, semejanzas, modos y maneras con alguna que otra estrella emergente del actual panorama político español.


lunes, 26 de septiembre de 2011

EL PRECIO DE LA VIVIENDA Y LA ECONOMÍA FUTURA


Este artículo fue escrito hace cuatro

años, en plena burbuja inmobiliaria,

siendo su contenido y conclusiones deplena

vigencia en la actualidad.


A comienzos del Siglo XX, cuando España era un país puramente agrícola en el que no existía prácticamente clase media, los españoles se movían entre dos extremos: el de aquellos que tenían dinero y compraban o construían edificios enteros con la finalidad de alquilar los pisos y el de aquellos otros que no tenían tanto dinero y simplemente alquilaban las viviendas por una renta mensual a los primeros.


Sin duda, el desarrollo industrial que el país experimentó en las décadas de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, además de fomentar la aparición de “una sana clase media” hizo que el número de propietarios de viviendas aumentase al tiempo que el mercado de alquiler de viviendas sufría una grave crisis también fomentada por la congelación de las rentas arrendaticias que tuvo lugar al final de la Guerra Civil.


En la actualidad, el precio de la vivienda, como todos sabemos esta experimentando un constante y notable aumento anual que las lleva a tener precios privativos para la inmensa mayoría de los ciudadanos que se ven obligados a renunciar a adquirir una vivienda en propiedad o a hipotecarse doblemente por toda su vida; y bien digo “doblemente” porque para hacer frente en el presente a una hipoteca con posibilidades de no terminar embargado, es necesario la contribución de, al menos, las dos personas que integran la pareja.


Para combatir este grave problema del desmesurado precio de la vivienda, los diversos gobiernos que se han sucedido en estos últimos años, siguiendo la tradicional forma de obrar de los dirigentes españoles que consiste, como decía muy acertadamente Ortega y Gasset, en “levantarse todos los días y hacer cosas para hacernos creer que (España y los españoles) existimos”, se han dedicado a construir más viviendas de protección oficial (totalmente insuficientes para satisfacer la demanda) y a liberalizar más suelo sin que ello haya supuesto ningún abaratamiento del precio de los inmuebles pese a lo cual, los partidos de la oposición han seguido insistiendo en reclamar más liberalización de suelo y construcción de más viviendas de protección oficial, lo cual, ya se ha revelado poco o nada eficaz.


Entonces, si los precios de la vivienda no bajan , o no lo hacen de forma radicalmente significativa, ni se frenan con más suelo liberalizado y más viviendas sociales construidas, ¿Dónde radica el problema?. ¿Cómo se puede solucionar esto?. Pues bien, el problema es un problema global que hay que buscar en los cambios que la economía española viene experimentando en las dos últimas décadas; cambios impuestos por Bruselas desde nuestra incorporación a la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea. El sometimiento de la economía española a las directrices europeas ha supuesto que el futuro económico español se base prácticamente en su totalidad en el sector servicios y en la especulación ya que nuestra integración incondicional en esta Europa de los Mercaderes supuso el desmantelamiento de nuestra agricultura para no hacer excesiva competencia a la agricultura francesa y de nuestra industria pesada para no hacer excesiva competencia a la industria alemana. Una economía tan solo basada en el sector servicios hace que haya un desplazamiento de mano de obra del sector primario y secundario a este sector el cual se manifiesta, como es lógico, incapaz de absorber toda la mano de obra que la agricultura e industria desechan al tiempo que para subsistir precisa de la existencia de un fuerte consumo interno.


Así pues, nos encontramos con que las dudosas posibilidades de conseguir un puesto de trabajo seguro, de esos de “para toda la vida”, unido a la temporalidad y al sometimiento constante a cambios caprichosos del sector servicios, este haciendo que los españoles vayan encauzando su futuro laboral y económico particular más hacia la especulación que hacia el trabajo diario y productivo y, como desde luego, no hay especulación más segura que aquella que permite tener una renta perpetua (salvo imprevistos imponderables), elevada y actualizable anualmente, se están orientando hacia la compra de viviendas, no tanto para venderlas posteriormente obteniendo una plusvalía, como para alquilarlas siendo seguro que en un futuro muy próximo, el mercado de los alquileres se reactivara notablemente al tiempo que se construirán viviendas nuevas que se seguirán comprando y vendiendo con avidez creándose grandes acumulaciones patrimoniales de bienes inmuebles que a su vez supondrán el retorno de aquella clase de rentistas existente a comienzos del Siglo XX.


Dicho de otra forma: es mucho más seguro y rentable para el que en España pueda permitírselo invertir un millón de euros en comprar inmuebles para arrendar que invertir ese mismo millón en fabricar vehículos, aviones o barcos. Estamos asistiendo en los últimos años a “una toma de posiciones” que tiene por objeto el control del futuro negocio de “bienes raíces” en España, estando detrás del imparable precio de la vivienda la adquisición masiva de viviendas por unos pocos particulares y sociedades mercantiles que siempre terminan siendo los mismos y que ocasiona que realmente haya poca vivienda disponible para aquellos que quieren ejercer su derecho a “una vivienda digna”. Por otra parte el incremento de la población emigrante con su necesidad inmediata de vivienda y su limitado poder adquisitivo y el constante incremento del precio de la vivienda por los motivos antes apuntados (demanda excesiva) que muy pronto hará imposible la compra de ésta por parte de ciudadanos con ahorros y fortunas normales incluso hipotecándose de por vida hacen que el negocio de los alquileres sea hoy una apuesta segura para el día del mañana.


Por tanto la única forma de abaratar el precio de la vivienda a medio y largo plazo garantizando de este modo la adquisición de la misma a todos los ciudadanos es la de cambiar la filosofía que impera en la economía española y que la somete a las directrices de la Unión Europea y fomentar una economía realmente productiva basada en la industria, la agricultura y el comercio exterior, porque una economía basada en los citados sectores, es una economía que generara puestos de trabajo y riqueza colectiva, haciendo huir a los ciudadanos y a los empresarios de la especulación y de la ociosa y depravada vida del rentista.


martes, 20 de septiembre de 2011

GUY FAWKES: DEL PASADO A LA REVOLUCIÓN QUE LLEGA

Quien iba a decir hace más de quinientos años, concretamente el 5 de Noviembre de 1605, que un oscuro personaje católico, cuya fama proviene de su participación en la llamada “Conspiración de la Pólvora” que pretendió volar por los aires el Parlamento Británico, iba a convertirse en un superhéroe de una novela gráfica titulada “V de Vendetta” e inspiración de un movimiento de indignación generalizado contra lo existente. El nombre de este personaje oscuro: Guy Fawkes.


Guy Fawkes, nació en la ciudad de York (Inglaterra) el 13 de Abril de 1570 en el seno de una familia católica que era víctima de la persecución religiosa que sufrían los católicos en la Inglaterra de aquella época, lo que hizo que el joven Fawkes se exiliara a los Países Bajos donde sentó plaza bajo las banderas del Rey de las Españas combatiendo como soldado en los Tercio Españoles.


Tras su aventura militar en Flandes, Guy Fawkes, que había cambiado durante su tiempo de servicio su nombre anglosajón por el más latino de Guido, regresó a Inglaterra donde se incorporó a una de las sociedades secretas que luchaban contra la opresión que los católicos sufrían bajo el despótico gobierno de Jacobo I y por la reinstauración católica en el país. A causa de su experiencia militar enseguida se le puso al frente de la ejecución de lo que se conoce en la historia británica como “La Conspiración de la Pólvora” la cual consistía en un plan ideado por Robert Catesby para matar al rey Jacobo I haciéndolo volar por los aires junto a todo su Parlamento justificando tal acción en la afirmación de que “la naturaleza de la enfermedad requiere un tratamiento radical”.


Sin duda alguna Guy Fawkes planeo la ejecución de la acción recordando su experiencia en la guerra de minas por lo que en diciembre de 1604, junto con otros conjurados, comenzó a excavar un túnel bajo el Parlamento abandonando dicha excavación cuando los conspiradores consiguieron alquilar una bodega justo debajo de la Cámara de los Lores en la que almacenaron gran cantidad de leña y carbón sobre la cual colocaron numerosos barriles de pólvora para hacerlo estallar en cuanto el Rey Jacobo I diera comienzo a las sesiones parlamentarias. No obstante la conspiración fue desvelada a un ministro inglés por una carta anónima y tras diversas inspecciones alrededor del Parlamento, Fawkes fue descubierto saliendo de la bodega en la que se almacenaba el explosivo y detenido. Sometido a tortura solo reveló los nombres de los implicados que ya eran conocidos por las autoridades o que habían muerto y tras un juicio donde se conocía de antemano la sentencia fue condenado a muerte y ejecutado en Londres el 31 de Enero de 1606.


Durante siglos se ha conmemorado cada 5 de Noviembre el fracaso de la “Conspiración de la Pólvora” con grandes fuegos artificiales y hogueras en las que se quemaban muñecos con una máscara de Guy Fawkes, no obstante en la actualidad dicha conmemoración ha decaído por el marcado carácter anticatólico militante que había terminado por adquirir.


Esta es la historia pura y simple de Guy Fawkes, el cual habría quedado relegado a unas líneas en cualquier texto escolar de historia de no haber sido porque en la década de los años ochenta del pasado siglo la publicación de una novela gráfica compuesta de diez cómics, escrita por el guionista Allan Moore e ilustrada por el dibujante David Lloyd y titulada “V de Vendetta” resucitara al personaje para enfrentarlo como un superhéroe similar a los de la factoría Marvel a un estado totalitario implantado en la Gran Bretaña. Si bien es cierto que tanto Moore como Lloyd afirmaron que se habían inspirado en Guy Fawkes por ser éste el personaje más conocido de todo el Reino Unido no deja de ser curioso que el héroe de “V de Vendetta” sea precisamente un personaje que ya en el momento mismo de la publicación de la novela podía ser calificado por las modernas mentalidades de “integrista y fanático católico”.


Actualmente la novela “V de Vendetta” sigue editándose con éxito sobre todo después de que en el año 2006 se estrenara la película del mismo título y Fawkes ha dado un paso hacia su resurrección e inmortalidad al convertirse en icono de todos aquellos que muestran su indignación frente a los abusos del poder y la tiranía de la oligarquía económica liberal y es que, católico o no o tal vez precisamente por serlo, el Fawkes histórico no dejó de ser en el tiempo en que le tocó vivir un rebelde justiciero que se enfrentó a un régimen despótico que no respetaba a las minorías a las que obligó a reivindicar por la vía insurreccional los derechos y las libertades que se les negaba desde la legalidad.


martes, 13 de septiembre de 2011

“LA ESCUELA MODERNA” de FRANCISCO FERRER I GUARDIA


Obra del pedagogo anarquista don Francisco Ferrer i Guardia y publicada tras su ejecución en 1909, “La Escuela Moderna” es la historia y justificación de una institución educativa creada en 1901 como alternativa tanto a la educación oficial estatal de alto componente religioso como a la Institución Libre de Enseñanza y cuya lectura no deja de ser interesante al comprobarse como, con el paso del tiempo, muchos de sus postulados, a pesar de haber sido fuertemente combatidos a principios del Siglos XX, han sido aceptados y puestos en funcionamiento por el sistema educativo oficial desde los años setenta del pasado siglo.


“La Escuela Moderna” recoge la historia de esta institución pedagógica así como cuales eran sus medios y sus fines constituyendo un ejemplo de lo que se deseaba que fuera una educación puramente racionalista.


En cuanto a los medios pedagógicos, Francisco Ferrer proponía la coeducación de ambos sexos así como salidas al campo de los alumnos y visitas a centros de trabajo creando un entorno de máxima libertad para los niños a los cuales se les fomentaría la inteligencia creativa mediante la redacción de las experiencias adquiridas en las distintas excursiones campestres.


Especial dedicación tiene “La Escuela Moderna” al cuidado y fomento de la higiene tanto en la escuela como en el entorno familiar del niño teniendo en cuenta que en la época de la fundación de esta institución la tuberculosis, los piojos y las infecciones de toda clase afectaban principalmente a las familias más pobres e impedían la correcta escolarización de sus hijos al obligarles a perder numerosas horas lectivas.


En la actualidad y desde hace ya bastantes décadas estas innovaciones propuestas por Ferrer i Guardia han sido adoptadas por el sistema educativo español con bastante éxito y aceptación siendo de lo más normal la implantación de la enseñanza mixta de niños y niñas, las inspecciones sanitarias en el centro escolar y los llamados viajes de estudios.


Por lo que se refiere a la finalidad de la Escuela Moderna, Ferrer explica que desea desvincular la formación educativa de todo dogma religioso dando lugar a una educación laica en la que solo tenga cabida las verdades demostradas racionalmente. Es precisamente en este sentido donde el fundador y autor de “La Escuela Moderna” se deja llevar por sus fobias particulares y cae en más de un error, en primer lugar, porque no se puede estudiar ni entender la cultura occidental sin estudiar e intentar comprender al cristianismo y, en segundo lugar, porque las verdades científicas solo son tales mientras no aparezca un avance científico posterior que las desmienta. Así por ejemplo, es de indicar que durante bastantes años la Tuberculina descubierta por Koch se creyó científica y racionalmente una cura de la Tuberculosis, hasta que años después se descubrió, de igual forma, racional y científica, que tan solo era un medio diagnóstico y no un remedio terapéutico.


“La Escuela Moderna” no solo se opone a la formación religiosa en la escuela sino que también hace objeciones a la educación racionalista y laica implantada en la Francia de la III República y la propuesta en España por Giner de los Ríos y su “Institución Libre de Enseñanza” porque en opinión de Ferrer “la educación clerical pretende hacer de los niños santos y la educación laica estatal pretende hacerlos esclavos servidores del estado”.


En la actualidad las innovaciones propuestas por “La Escuela Moderna” han sido ya superadas, unas porque han sido adoptadas por el sistema educativo y otras porque un sistema educativo, cualquiera que éste sea, para ser efectivo y eficiente ha de carecer de todo prejuicio y, no nos engañemos, Ferrer i Guardia tenía prejuicios que materializó en su institución educativa, pero que, aún así, en nada desmerecen su aportación al desarrollo de las técnicas docentes porque precisamente es a base de errores y de propuestas, más o menos realistas o idealistas, como se produce el desarrollo de la humanidad.


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